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Un problema real, silencioso e infravalorado Desnutrición relacionada con la enfermedad

El fenómeno es frecuente, infradiagnosticado y con graves consecuencias para la salud pública.

Un problema real, silencioso e infravalorado Desnutrición relacionada con la enfermedad

El fenómeno es frecuente, infradiagnosticado y con graves consecuencias para la salud pública.

 En pleno siglo XXI, en una sociedad caracterizada por la abundancia alimentaria y el acceso generalizado a servicios sanitarios, resulta paradójico que la desnutrición siga siendo un problema relevante dentro de los hospitales y centros de salud. Sin embargo, existe una forma de malnutrición que permanece en gran medida invisible: la desnutrición relacionada con la enfermedad.

   Lejos de ser exclusiva de países en vías de desarrollo o de contextos de pobreza extrema, esta forma de desnutrición afecta principalmente a personas hospitalizadas, pacientes crónicos y adultos mayores. Se trata de un problema silencioso que impacta directamente en la recuperación, la calidad de vida y la supervivencia de millones de personas.

   La desnutrición relacionada con la enfermedad se produce cuando una persona no recibe o no puede aprovechar adecuadamente los nutrientes que necesita debido a una patología. No siempre está vinculada a la falta de alimentos, sino a procesos complejos asociados a enfermedades agudas o crónicas.

   Inflamación, infecciones, cáncer, insuficiencia cardíaca, enfermedades respiratorias, trastornos digestivos o problemas neurológicos pueden alterar el metabolismo, disminuir el apetito o dificultar la absorción de nutrientes. Como resultado, el organismo entra en un estado de desequilibrio nutricional que compromete sus funciones básicas.

   Esta situación puede aparecer antes de la hospitalización, desarrollarse durante una estancia hospitalaria o prolongarse tras el alta médica, convirtiéndose en un círculo vicioso difícil de romper.

Un problema más frecuente de lo que parece

   Diversos estudios indican que entre el 25 % y el 50 % de los pacientes hospitalizados presentan algún grado de desnutrición o riesgo de padecerla. En residencias de mayores, la cifra puede superar el 60 %. Sin embargo, estos datos suelen pasar desapercibidos en las estadísticas oficiales.

   La desnutrición relacionada con la enfermedad no siempre se manifiesta de forma evidente. Muchas personas mantienen un peso aparentemente normal, pero han perdido masa muscular o presentan déficits nutricionales importantes. Este fenómeno, conocido como "desnutrición oculta", dificulta su detección.

   Además, el ritmo acelerado de los servicios sanitarios, la priorización del tratamiento farmacológico y la falta de formación específica contribuyen a que la valoración nutricional no siempre sea una prioridad clínica.

Consecuencias para la salud

   La desnutrición no es un simple efecto secundario de la enfermedad. Es, en sí misma, un factor que empeora el pronóstico y aumenta la mortalidad.

   Entre sus principales consecuencias destacan el mayor riesgo de infecciones, el retraso en la cicatrización de heridas, la pérdida de masa muscular y debilidad, el aumento de las complicaciones postoperatorias, el deterioro funcional, la mayor dependencia, la peor respuesta a los tratamientos, y el incremento de la mortalidad.

   Un paciente desnutrido tarda más en recuperarse, permanece más tiempo hospitalizado y tiene más probabilidades de reingresar. Todo ello repercute directamente en su bienestar físico y emocional, pero también en el sistema sanitario.

Un alto coste económico

   La desnutrición relacionada con la enfermedad no solo afecta a las personas, sino también a los recursos públicos. Los pacientes desnutridos suelen requerir más pruebas diagnósticas, más intervenciones, más medicamentos y estancias hospitalarias más prolongadas.

   Se estima que este problema supone miles de millones de euros anuales en gastos adicionales para los sistemas sanitarios europeos. Sin embargo, la mayor parte de este coste podría evitarse con estrategias preventivas adecuadas. Invertir en nutrición clínica no es un gasto, sino una medida eficiente que mejora resultados y reduce costes a largo plazo.

¿Por qué sigue siendo un problema infravalorado?

   Existen múltiples razones por las que la desnutrición relacionada con la enfermedad sigue siendo una realidad poco visible.

   En primer lugar, persiste la idea errónea de que la nutrición es un aspecto secundario del tratamiento. En muchos entornos clínicos, se prioriza la enfermedad principal sin considerar suficientemente el estado nutricional del paciente.

   En segundo lugar, falta formación específica en nutrición en los planes de estudio de muchas profesiones sanitarias. Médicos, enfermeros y otros profesionales no siempre reciben herramientas suficientes para detectar y abordar este problema.

   A ello se suma la escasez de recursos humanos especializados, como dietistas-nutricionistas clínicos, cuya presencia en hospitales sigue siendo limitada en numerosos países.

   Por último, la propia invisibilidad social del problema contribuye a su infravaloración. La desnutrición hospitalaria no genera titulares ni imágenes impactantes, pero afecta silenciosamente a miles de personas cada día.

La importancia del cribado nutricional

   Una de las estrategias más eficaces para combatir este problema es el cribado nutricional sistemático. Se trata de evaluar de forma rápida y sencilla el riesgo de desnutrición en todos los pacientes al ingreso hospitalario y durante su estancia.

   Existen herramientas validadas, como el MUST, el NRS-2002 o el MNA, que permiten identificar a las personas en riesgo. Sin embargo, su aplicación no está plenamente integrada en todos los centros sanitarios.

   Detectar precozmente la desnutrición permite intervenir antes de que aparezcan complicaciones graves. La prevención, en este contexto, es una de las mejores formas de medicina.

Intervenciones nutricionales

   Una vez identificada, la desnutrición debe abordarse como parte fundamental del tratamiento. Las intervenciones pueden incluir la adaptación de la dieta hospitalaria, suplementos nutricionales orales, nutrición enteral, nutrición parenteral, educación nutricional para el paciente y su familia.

   Estas medidas deben ser individualizadas y supervisadas por equipos multidisciplinares que incluyan profesionales de la nutrición.

   Numerosos estudios demuestran que un adecuado soporte nutricional mejora la evolución clínica, reduce complicaciones y aumenta la calidad de vida de los pacientes.

Papel de la atención primaria y la comunidad

   La prevención no comienza en el hospital. La atención primaria desempeña un papel clave en la detección precoz de la desnutrición en personas mayores, pacientes crónicos o personas en situación de vulnerabilidad.

   La pérdida involuntaria de peso, la falta de apetito, la fatiga persistente o las dificultades para alimentarse son señales de alerta que no deben ignorarse.

   Asimismo, los servicios sociales, las residencias y las asociaciones comunitarias pueden contribuir a identificar situaciones de riesgo y facilitar intervenciones tempranas.

   La coordinación entre los distintos niveles asistenciales resulta fundamental para evitar que la desnutrición se cronifique.

Reto a la salud pública

  Desde la perspectiva de la Medicina Preventiva y la Salud Pública, la desnutrición relacionada con la enfermedad constituye un desafío prioritario. No se trata solo de tratar casos individuales, sino de desarrollar políticas integrales que aborden el problema de forma sistemática.

   Entre las medidas necesarias destacan la incorporación del cribado nutricional como práctica obligatoria, el fortalecimiento de la formación en nutrición clínica, el aumento de la presencia de dietistas-nutricionistas, el establecimiento de protocolos estandarizados, la promoción de campañas de sensibilización, el fomento de la investigación en este ámbito.

   La nutrición debe ser reconocida como un pilar esencial de la atención sanitaria, al mismo nivel que los medicamentos o las intervenciones quirúrgicas.

Mirar más allá del plato

   La desnutrición relacionada con la enfermedad nos obliga a replantear la forma en que entendemos el cuidado de la salud. No basta con tratar órganos o patologías concretas: es necesario abordar a la persona en su totalidad.

   Comer no es solo una necesidad biológica, sino también un acto social, emocional y cultural. Cuando una persona enferma pierde la capacidad o el deseo de alimentarse, pierde también parte de su autonomía y dignidad.

   Garantizar una nutrición adecuada es, en última instancia, una cuestión de derechos, equidad y humanidad.

   La desnutrición relacionada con la enfermedad es una realidad extendida, costosa y evitable. A pesar de sus graves consecuencias, sigue siendo un problema infravalorado en muchos sistemas sanitarios.

   Visibilizarlo, prevenirlo y tratarlo adecuadamente debe ser una prioridad de la Medicina Preventiva y la Salud Pública. Apostar por la nutrición clínica no solo salva recursos, sino también vidas.

   Reconocer que un plato bien adaptado puede ser tan importante como una pastilla o una cirugía es un paso fundamental hacia una atención más eficaz, más humana y más justa.

DIARIO NORTE

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