
Son baristas, sirven café de especialidad con glitter y brindan una propuesta muy humana
Caminás por Thames, entre Costa Rica y El Salvador, y unas llamativas sillas amarillas hacen que subas la mirada para ver dónde estás. El frente de una fachada gris está lleno de coloridas flor...
Caminás por Thames, entre Costa Rica y El Salvador, y unas llamativas sillas amarillas hacen que subas la mirada para ver dónde estás. El frente de una fachada gris está lleno de coloridas flores donde se lee Casa Humana Café; y su vidriera está protagonizada por una seductora repisa con aromática pattiserie.
Adentro todo es calidez y modernidad. Mesas con tonos pastel; boxes con tolditos; y la amable atención de un servicio muy entrenado. Por la amplia escalera, o el ascensor, llegás al primer piso donde continua la propuesta cafetera con silloncitos y mesas bajas junto a una gran biblioteca.
Los cafés elaborados por expertos baristas, tienen opciones del decálogo profesional además de licencias para quienes busquen sorprenderse con atrevidas, pero logradas combinaciones. Entre ellas desfila un latte con glitter comestible, o un café moka con lavanda. Ambos sabrosos y con un detallado latte art que ganaría concursos.
Pero la apuesta a la calidad sigue con el alto diseño de la vajilla; los pocillos, tazas y platos son realizados por una cooperativa de mujeres de mediana edad, que trabajan con elementos sustentables.
Hasta ahí, este café de especialidad gana varias estrellas; pero esto es sólo es una mínima muestra de todo lo que da, y tiene para dar, la Fundación Alma Humana.
Porque si subimos un piso más; se encuentra el laboratorio escuela, en donde la imparable Fernanda Pérez, directora de la fundación, entrena a baristas durante los siete días de la semana por seis horas. Muchos egresados, siguen trabajando en el café de abajo y otros buscan nuevos horizontes. Pero lo más interesante es que los cursos de este escuela llamada Baristas con Alma, capacita sólo a personas con discapacidad y lo hace de manera gratuita. Un súper proyecto que los forma y al mismo tiempo les ofrece oportunidades de trabajo con un gran objetivo final: la inclusión.
“Todo el proyecto está armado para ayudar a más gente, siempre buscamos apoyar a alguien más, por ejemplo la pastelería que ofrecemos es de cinco pasteleros distintos; y mucha de la producción se la regalamos a merenderos. Las tazas las hace una cooperativa de ceramistas de Ituzaingó, que son biodegradables, desde el esmalte hasta la taza”, cuenta Fernanda.
El presidente es Emiliano Szlaien, que trabajaba en una financiera hasta que se cansó de ver el maltrato a la gente y empezó a juntar donaciones para armar la fundación.
En estos años también generaron una panadería, una peluquería y una herrería en medio de un basural en Salta.
“Hace seis años arrancamos, y desde hace un año y medio nos orientamos al barismo y la inclusión laboral para personas con discapacidad. Por eso, parte de nuestro equipo tiene algún tipo de discapacidad intelectual”, explica Fernanda mientras acomoda las herramientas del aula para el próximo curso.
Barista con Alma también realiza charlas y seminarios con referentes del medio del café de especialidad y busca promover la idea que las personas con discapacidad puedan trabajar en gastronomía
Las capacitaciones se dictan en un aula súper profesional con máquinas, molinos, y todo tipo de métodos de elaboración para que se formen en el oficio. Cuentan con el apoyo de Oyambre, quienes les proporcionan infraestructura para el desarrollo.
“El proyecto de formación a baristas abraza 3000 personas, todas con discapacidad intelectual o motriz, que puede ser desde silla de ruedas o hasta la falta de un miembro o síndrome de Down”, cuenta Fernanda y explica que para la verdadera inserción rediseñaron todo el sistema. Desde el menú, que es inclusivo porque los cafés se asocian con números y fotos, hasta las comandas.
“Muchos tienen problemas con la lecto escritura y esto ayuda al servicio. Lo mismo pasa en las comanderas que tienen símbolos iguales al que ellos ven. Y, además, estamos terminando la carta con pictogramas, en donde directamente se eligen los cafés por dibujos” y si le faltaba hacer algo, la carta también estará en sistema Braille “porque ahora empiezo los cursos para gente sordomuda”
Esta audaz y escaladora idea se le ocurrió a la incasable Fernanda, quien había trabajado en gastronomía; en cafés de especialidad y dictando cursos, pero se dio cuenta que había pocas oportunidades laborales para mujeres adultas o gente que es un poco más grande. “Mi tía tiene síndrome de Down y nunca tuvo oportunidad de trabajar, mi tío es sordo mudo y mi abuelo tenía Asperger; así que en un mundo con tantas discapacidades vi la gran dificultad que tuvieron. Pero lo cierto es que siempre existe la posibilidad de adaptar e incluir. Mi abuelo, era un ingeniero brillante que tenía Asperger, por eso dentro de la discapacidad siempre se pueden construir herramientas para que todos podamos llegar”
Lean es un alumno que tiene discapacidad motriz y degenerativa “empezamos a desarrollar herramientas que no existen en el mundo de los baristas y así adaptamos una tabla sobre una silla de ruedas que le sirve para presionar el café con el tamper antes de poner el porta filtro; o para hacer métodos de filtrados. Con la UTN vamos a desarrollar herramientas de adaptación de los espacios para que sean inclusivos; herramientas para quien tiene un solo brazo y no puede espumar la leche o plataformas que se elevan y que sirven para sillas de ruedas. La idea es que todos puedan hacer el trabajo”
La carga horaria de los cursos que se dan en el tercer piso de la fundación va cambiando según las necesidades de los alumnos. Manu tiene síndrome de Down y es el asistente en las clases; y los cursos que dan para la Asociación Síndrome de Down tienen un promedio de 12 horas. Muchas horas más que la mayoría de los cursos que existen en la ciudad.
Mientras; en el café de la planta baja los sabores armonizan con cada una de las propuestas. A ello se le suma lo que más les gusta a los influencers: porque tanto el espacio y sus rincones, como cada una de las bebidas son altamente instagrameables.
En Casa humana (Thames 1788), no sólo entrás y disfrutas de un delicioso café que entra por los ojos, sino que salís con un espíritu altamente esperanzador.