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Muy lejos de ser solo un problema de piel

Las placas rojizas y escamosas en la piel son solo la punta del iceberg. Detrás de esas lesiones cutáneas se esconde una tormenta inflamatoria silenciosa que, por años, puede estar dañando las arterias sin dar la más mínima señal de alarma.

Muy lejos de ser solo un problema de piel

Las placas rojizas y escamosas en la piel son solo la punta del iceberg. Detrás de esas lesiones cutáneas se esconde una tormenta inflamatoria silenciosa que, por años, puede estar dañando las arterias sin dar la más mínima señal de alarma.

   La ciencia lleva tiempo advirtiéndolo: la psoriasis moderada o grave no es una enfermedad dermatológica más, sino un factor de riesgo cardiovascular independiente que merece tanta atención como la hipertensión o el colesterol elevado.

   Un estudio publicado en diciembre de 2025 en JAAD International —la revista oficial de la Academia Americana de Dermatología— puso números a esta amenaza invisible. La investigación, conocida como estudio EDSAP (Early Detection of Subclinical Atherosclerosis in Psoriasis), evaluó a 120 pacientes con psoriasis moderada a grave, todos ellos sin diagnóstico previo de enfermedad cardiovascular ni síntomas evidentes. El resultado fue escalofriante: el 77 % de estos pacientes presentaba placas de ateroma en sus arterias.

   Los investigadores sometieron a los participantes a ecografías vasculares y tomografías computarizadas coronarias, y el mapa del daño arterial resultó preocupantemente extenso. Las arterias femorales eran las más afectadas, con placas en el 57,1 % de los casos. Les seguían de cerca las arterias coronarias —las que irrigan el corazón— con un 51,3 %, y las carótidas, las principales vías de suministro sanguíneo al cerebro, con un 49,6 %. Es decir, más de la mitad de estos pacientes, aparentemente sanos desde el punto de vista cardiovascular, ya tenían las arterias de sus piernas y de su corazón sembradas de ateroma.

   Lo más inquietante del estudio es que las herramientas convencionales para estimar el riesgo cardiovascular fallaban estrepitosamente. Al menos el 60 % de los pacientes clasificados como de bajo riesgo y el 90 % de los considerados de riesgo moderado según los cálculos tradicionales presentaban ya aterosclerosis subclínica. Esto significa que los algoritmos que los médicos usan habitualmente para predecir quién va a sufrir un infarto no están captando el peligro real que acecha a quienes viven con psoriasis.

La inflamación como eslabón perdido

   ¿Qué explica este vínculo tan estrecho entre la piel y las arterias? La respuesta está en la inflamación sistémica. La psoriasis no es una enfermedad localizada: es un trastorno inmunológico que mantiene al organismo en un estado inflamatorio permanente. Las citoquinas proinflamatorias —TNF-alfa, interleucina 17, interleucina 23— que proliferan en la piel de estos pacientes también circulan por todo el cuerpo, agrediendo el endotelio, la fina capa que recubre el interior de los vasos sanguíneos.

   Esta agresión continuada desencadena un proceso que los cardiólogos conocen bien: la disfunción endotelial. Las arterias pierden elasticidad, se vuelven más rígidas y comienzan a acumular lípidos en sus paredes. Es el primer paso de la aterosclerosis, la enfermedad que subyace a la mayoría de los infartos y los ictus. Y todo esto ocurre en silencio, sin que el paciente sienta el más mínimo dolor en el pecho o falta de aire al subir escaleras.

   Los especialistas disponen de marcadores para detectar este daño precoz. El grosor de la capa íntima-media de la carótida, medido por ecografía, es uno de los más fiables. También la velocidad de la onda de pulso, que evalúa la rigidez arterial, suele estar aumentada en estos pacientes debido a la carga inflamatoria crónica que soportan. Pero estos tests no forman parte de la consulta rutinaria de dermatología.

Cambio de paradigma en el abordaje

   El estudio EDSAP sugiere una vía práctica para mejorar la detección precoz. Dado que la ausencia de placas en las arterias femorales predice con un 91,9 % de probabilidad la ausencia de placas coronarias obstructivas, la ecografía vascular periférica emerge como una herramienta de cribado no invasiva, sencilla y muy útil. Permitiría seleccionar qué pacientes necesitan pruebas cardíacas más complejas y costosas, evitando someter a todos a exploraciones innecesarias.

   Las guías clínicas ya recogen este cambio de enfoque. La Academia Americana de Dermatología recomienda desde 2025 la evaluación cardiovascular obligatoria en todos los pacientes con psoriasis moderada a grave. Se sugiere incluso multiplicar por 1,5 el riesgo calculado con las escalas tradicionales en aquellos con enfermedad severa o que requieren tratamiento sistémico. La red PPACMAN (Psoriasis and Psoriatic Arthritis Clinics Multicenter Advancement Network) publicó recomendaciones prácticas que insisten en realizar una evaluación basal del riesgo cardiovascular en el momento del diagnóstico, especialmente en pacientes con formas moderadas o graves, y en establecer cribados rutinarios de hipertensión, diabetes, dislipidemia, tabaquismo, obesidad y síndrome metabólico.

   El abordaje de la psoriasis, por tanto, no puede limitarse a controlar las lesiones cutáneas. Requiere un enfoque multidisciplinar en el que dermatólogos, médicos de atención primaria y cardiólogos trabajen de la mano. Controlar agresivamente los factores de riesgo tradicionales —el tabaco, la tensión arterial elevada, el colesterol, la obesidad— es fundamental. Pero también lo es tratar la inflamación de base. Existe evidencia de que las terapias biológicas dirigidas contra las citoquinas proinflamatorias, como los anti-TNF o los anti-IL-17, no solo mejoran la piel, sino que podrían reducir el riesgo cardiovascular a largo plazo.

Una llamada a la acción

   La psoriasis afecta entre el 2 % y el 3 % de la población mundial. En sus formas moderadas y graves, ya no es aceptable considerar que es "solo un problema de piel". El daño vascular puede estar gestándose durante años, y cuando finalmente se manifiesta —en forma de infarto o ictus— suele ser demasiado tarde.

   El mensaje para los pacientes es claro: si tiene psoriasis, no espere a sentir dolor en el pecho para preocuparse por su corazón. Pregunte a su dermatólogo por la evaluación de su riesgo cardiovascular. Y para los médicos, la advertencia es igualmente rotunda: la piel no cuenta toda la historia. Detrás de cada placa de psoriasis puede estar creciendo, silenciosa e implacable, una placa de ateroma.

Diario Norte

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