
Las pastas que eligen Leo Messi, Michael Jordan y Lenny Kravitz para disfrutar con su familia
A los 18 años Gerardo (Gerry) se fue de Argentina para tratar de remarla en Estados Unidos. Por intermedio de su tío comenzó a trabajar en Nueva York como camarero. Hasta ahí, una historia de m...
A los 18 años Gerardo (Gerry) se fue de Argentina para tratar de remarla en Estados Unidos. Por intermedio de su tío comenzó a trabajar en Nueva York como camarero. Hasta ahí, una historia de muchos. Pero Gerry, no servía la mesa de cualquiera, sino que llevaba los famosos spaghetti and meatballs, fideos con albóndigas, a los capo mafia de la Gran Manzana.
Fue camarero de Toninos, uno de los restaurantes de la mafia, y al que más miedo le tenía, era a John Gotti, el gangster de la familia Gambino “yo sabía que era un gran asesino, porque fue quien mandó a matar a Paul Castellano, el jefe de Nueva York y dueño de los restaurantes. Cuando matan a Castellano, Toninos empiezó a decaer, y cambié a Antolotis; era allí a donde iba John Gotti y realmente asustaba”, cuenta Gerry que les servía pastas en una cacerola en el medio de la mesa así como pescados enteros al horno que tenía que limpiárselos en la mesa. “Cuando cerraba el restaurante, de 3 a 6 de la tarde, me quedaba de guardia por si venía alguno de ellos a comer. El día que iban a matar a Castellano, llegaron todos a las tres y media de la tarde. Estaban todos locos dando vueltas, algo estaba por pasar, y nosotros les servíamos café. A las cinco, matan al jefe a cuatro cuadras” El tío de Gerry, quien le dio trabajo cuando llegó Estados Unidos, trabajaba justamente en Sparks Steak House, en la 46th st., donde mataron a Paul Castellano.
Cuando Gerry vio que el panorama laboral no era auspicioso, decidió irse a Miami donde estaba su abuela, “Nos vinimos en 1988 y fue muy duro. En esa época los restaurantes trabajaban seis meses y después no venía nadie; entonces te quedabas sin trabajo. Perdimos el poco dinero que mis viejos trajeron de Argentina gracias a la venta de su departamento; y quedamos en la lona. Así fue que en 1993, después de haber sufrido y aprendido muchísimo, agarré todas las fuerzas y con quince mil dólares ahorrados pude comprar el local de lo que hoy es Prima Pasta”
El día que abrieron, tenían sólo 28 sillas, su papá y su mamá trabajaban en la cocina, y él estaba al frente para recibir a los comensales. Abrieron a las seis de la tarde y no venía nadie y la tristeza se apoderó de él. Pero de golpe, a las seis y media empezaron a llegar los autos y el lugar se llenó.
¿Cómo lograste que la gente vaya?
Venía construyendo el lugar muy de a poco, estuve casi dos meses poniendo carteles que decían Café Prima Pasta abre en 30 días, en 29 y así. Es un lugar en la calle 71 casi Collins, una intersección donde pasa todo el mundo, tanto los que van a South Beach como a Bal Harbour. Por eso funcionaron los carteles. El primer día se llenó y no nos daban las piernas para atender y sacar los platos de la cocina. La gente entró y se encontró con una música espectacular, un ambiente hermoso, un olor riquísimo a ajo dorado y a comida. A los tres días tenía 28 personas comiendo y otras 40 haciendo fila afuera. Al toque salimos en el Miami Herald como el mejor restaurante de la ciudad. Fue agotador porque no sabía nada de negocios, de hacer las compras; lo único que yo sabía era atender a la gente y mi viejo sólo sabía cocinar. Era un placer tener un restaurante famoso pero el desgaste físico era terrible.
¿Cómo es hoy Prima Pasta después de 30 años?
Mantiene los mismo platos y otros que agregamos. Abrimos con espagueti puttanesca, fetuccini Alfredo, pollo y carne a la parmigiana, linguini negro con mariscos; agnolotti relleno de ricota y espinaca al pomodoro. Teníamos el clásico carpaccio y el mejor prosciutto de Parma. Y acordándome de lo mejor de la mafia, desde el primer día ahorré para poder ofrecer una botella de Don Perignon, una de Cristal, y los mejores vinos de Europa. Sin embargo, a la gente le recomendamos muy buenos vinos pero que no son caros. Si ellos quieren gastarse la guita también tienen un Brunello di Montalcino, o un Barolo. Como vi mucha gente que cagaba a los clientes recomendando vinos de 100 dólares; yo soy todo lo opuesto; y por eso nos va bien. Inclusive con personajes como Michael Jordan que me agradeció por haberle recomendado un vino de 45 dólares cuando podía pagar uno de mil.
¿Cómo llega Jordan a Prima?
La hija de una familia cubana que viene desde el primer día, me llama y me hace una reserva para ir con su novio, y cuando llega era él. Imaginate la cara de Jordan cuando nosotros la saludábamos a ella y el pensaba “y estos quienes son”. Tanto le gustó el lugar, y nuestra onda, que muchas veces venía solo, se sentaba en la barra a tomar una cerveza y se iba; o se juntaba con sus amigos, todos gigantescos.
¿Cómo pasaron de 28 a 140 sillas?
En 1995 agarramos un saloncito más, después alquilé la parte de atrás, y en el 2000 pudimos comprar la propiedad; y es el día de hoy que sigo remodelando. Tengo otro salón que se llama la Cava, que fue a raíz de la visita de los chicos de la selección y de Leo Messi con su familia. Como me di cuenta lo mal que la pasan en algunos restaurantes, hice el salón con acceso directo al estacionamiento de atrás.
El día que llegó Messi fue histórico para el lugar …
La primera vez fue hace más de diez años. Me llama un periodista deportivo para avisarme que había estado con Messi y otros jugadores, y que les recomendó mi restaurante. Un día suena el teléfono y el chico que lo atiende me dice “me acaba de llamar Leo Messi, y dijo que está viniendo con catorce personas”. Mi respuesta fue “te están jodiendo”. Y de golpe, apareció con toda la familia. En ese momento no pude controlar la situación y tuve que llamar a la policía porque había como cien personas afuera. Me acerqué a la mesa y le dije si querían salir por la puerta de atrás pero dijo “no te preocupes, si la gente está afuera porque me vino a ver, tengo que salir a saludar”. El tipo salió, se sacó fotos con la gente, saludó, firmó y se fueron. A los dos días vuelve a llamar el padre, y a partir de ahí vienen siempre. Una familia hermosa. Messi volvió hace unos años y los senté en el salón de la Cava para que tengan privacidad. Después él nos recomendaba y empezaron a venir todos los otros jugadores como Paredes, De Paul o los de AFA.
¿Por qué el restaurante se hizo famoso entre las celebridades del mundo?
Siempre fui odiado por los diarios y revistas locales porque nadie podía entrar a sacar fotos ni molestar a la gente. Me daban pena los fotógrafos que trabajan para vender su trabajo, pero en Nueva York había aprendido darle privacidad a la gente, que tengan el espacio para que coman y para protegerlos. Después, cuando salían por la puerta, que pasara lo que pasara. Así se corrió la bola entre los músicos, que antes de sacar un disco venían a Prima Pasta, ponían la canción en un auto en el parking, o se las ponía yo cuando cerrábamos el restaurante. Eso pasó con Cristian Castro o con Diego Torres. Color esperanza se escuchó en Prima Pasta una semana antes que se masterice el tema. Se transformó en un lugar donde la gente se siente cómoda; una especie de lugar para pedir un deseo. Acá también se conocieron muchísimas personas, y a todos les gusta celebrar su cumpleaños. Comodidad, luz baja, música tranqui, comida rica, un servicio que te trata como un ser humano. Que te digan hola, te digan chau y que no te jodan.
De tantos músicos que pasaron, vos también te metiste en la música, ¿cómo fue?
En Argentina, vivía en Once, a tres cuadras del estudio de grabación ION, uno de los más famosos de Argentina. Estaba en sexto grado de la primaria y mi amigo me llevó al estudio porque su tío era David Lebon. Así conocí a toda la banda Serú Girán. Pasamos dos años yendo a la casa de ellos, viendo todas las grabaciones. Siempre me atrajo la música, me compré una guitarra eléctrica pero nunca le dediqué tiempo. Cuando a los 18 años me fui, la vida me llevó al trabajo sin parar, abandonar mi país, los cambios, entonces la música quedó relegada. Pasaron los años y cuando cumplí cincuenta me di cuenta que tenía una colección de 40 guitarras firmadas, la de Mercedes Sosa, la de Gustavo Cerati, Papo, Leny Kravitz, UB40, guitarras por todos lados. El día que llegó Leny Kravitz a comer, haciéndome el canchero le dije “vení que te muestro la oficina”, que en realidad es una sala de instrumentos. Cuando entramos le doy la guitarra eléctrica; y me dice “esa es tuya, tocala” y se sienta en la batería. Así fue que me bauticé.
Me metí de lleno en un estudio de grabación del productor Rudy Pérez, el que hizo las canciones Luis Miguel. Le dije que me sentía mal, que no podía tocar y me dijo “vos quédate tranquilo”, me dejó con el micrófono y la guitarra, dejó grabando y se fue. Me quedé haciendo cositas y me fui. A la noche me llamó y me dijo “agarré tu música y la toqué en el piano y tenés dos opciones: hacerlo para vos como un hobby o hacerlo bien, con los músicos que te acompañen”. Así empecé a grabar con el guitarrista de Chayanne, el bajista que tocó 10 años con los Bee Gees, el baterista de Montaner. Yo venía con un rock y se volvían locos. De golpe estaba en el estudio y venían tambiñen a grabar sus discos José Feliciano, Beyoncé, Cristina Aguilera, era una locura.
Yo me siento principiante, pero Diego Torres me invitó a tocar con él una vez y me dijo “vos no te preocupes porque la música es para compartir, es para uno, vos tenés que disfrutar y escuchar”. Hoy, a los 56, me di cuenta que lo mío no es tocar en vivo, sino crear canciones y eso me encanta.
¿Cómo es tu trabajo con la fundación de Jean Maggi?
Jean Maggi, tiene polio y no puede caminar, pero se fue con una bicicleta de mano hasta el Himalaya. Después creó una fábrica de esas bicicletas para ayudar a millones que están en silla de ruedas. Por eso, entre mis temas hay dos que compuse pensando en ellos, y así ayudo a la fundación. Una se llama Mil Caminos, que es como el himno que se escucha cada vez que un chico recibe una bicicleta. El tema lo pusieron en el documental Súper adaptados, que hizo Campanella y con el que se ganó un Emi. La otra canción, se llama Hoy, que a Diego Torres le encantó y la puso en su disco. Todo se puede escuchar en Spotify y en You Tube.
La remera firmada por Messi
Como siempre estoy buscando la manera de ayudar a la fundación lo llamé. El capo de Messi me hizo el aguante y donó una remera que firmó en el mundial. Me la mandó por el fotógrafo de la Selección. Eso va a traer bastante repercusión para poder hacer más cosas para ellos. Cuando vi a un nene de seis años en silla de ruedas recibir una bicicleta que yo había donado, me cambió el chip y me metí de lleno.
Después de 30 años del restaurante y casi 40 de vivir allá, ¿los reconocen como “los argentinos”?
Si, claro, porque nunca dejé mi acento, ni las costumbres. Siempre el mate, el asadito, cada tanto mi viejo trae empanadas, tenemos flan y el helado con dulce de leche. Si llega un argentino a Prima Pasta me desarmo, será porque sufrí tanto cuando me fui, que cuando llegan a verme mis paisanos les saco una alfombra roja adicional. Esa es para mi gente, para mis argentinos.