
Fito Páez celebró los 30 años de “El amor después del amor” ante 35 mil personas en Vélez
Lo primero que se escucha en el Estadio de Vélez repleto con 35 mil personas es la batería programada de “El amor después del amor”, suena fechada en 1993, tal como suena en el disco del mis...
Lo primero que se escucha en el Estadio de Vélez repleto con 35 mil personas es la batería programada de “El amor después del amor”, suena fechada en 1993, tal como suena en el disco del mismo nombre y sonó también en Vélez hace 30 años. Y Fito Páez de sobretodo violeta (en conjunción de dos príncipes: El Principito y Prince) a un costado del escenario entonó los primeros versos antes de que su banda entre por completo a hacerse cargo de casi todo el show con sonoridad plena. Pero si iba a haber algún gesto de nostalgia, sería apenas ese. Las dos horas y media de show estuvieron marcadas por la celebración de un cancionero que hace rato es parte del imaginario popular argentino.
Nathy Peluso en “La Verónica, Fabiana Cantilo en “Te aliviará, Hernán de Mala Fama en “Hey You, Alejo Llanes en “Circo Beat” y David Lebón en “A rodar mi vida” fueron el puñado de invitados que pasaron por el escenario y de alguna manera demostraron lo amplio del recorrido de Fito entre influencias, compañeros e influenciados. Algunas de las caras en las primeras filas, amplían aún más el espectro: Juanse bien adelante, Julián Kartun un poco más atrás.
“Si me preguntan si extraño aquellos años, la respuesta es ‘No’”, dijo Fito Páez bien adentrado el show. “Lo que uno lleva adentro no lo extraña”. Pero sin abundar en discursos, los temas se sucedieron intercalados entre baladas y otros de pulso rockero, con el optimismo pop como bandera, no solo de sus letras sino también en las versiones repletas de teclados y arreglos de viento. De esa manera, pasar de “11 y 6″ a “Naturaleza Sangre”, de “Fue Amor” a “Circo Beat” o de “Brillante sobre el mic” a “Ciudad de pobres corazones” no atento ni contra la emotividad de unas ni contra el vigor de las otras.
Pero si algo une a sus canciones es el melodismo con el que conduce un optimismo que para él se da de forma natural. Como si del rock se hubiese quedado con aquella máxima de que “Mañana es mejor”, Fito fue capaz de cantar con alegría sobre “la melancolía de morir en este mundo y de vivir sin una estúpida razón” a bordo de ese power pop indeleble que es “Mariposa Tecknicolor”. “A rodar la vida”, “Dar es dar” y toda la celebración del amor que encierra El amor después del amor se resumen en esa frase final: “El amor es la única fuerza que paga”. Para bajar ese mensaje, el momento a capela del show fue clave. Ahora se pudre todo, dijo Fito, y en lugar de explotar en volumen, ensayó solo y por fuera del micrófono “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, una de sus tantas melodías que sigue cantando como un documento inalterable y en las que buena parte de un país aún cree y confía.