
Cómo el mango del Nordeste podría convertir un problema en una industria millonaria
En veredas y plazas de nuestra provincia, de Salta, Jujuy, Misiones y Formosa, los mangos se cargan de fruta hasta que sus ramas se doblan por el peso.
El aire de verano se impregna de su aroma dulce, un paisaje tan arraigado en la cultura local que inspiró al compositor Héctor Sckmuk a escribir: "De mango tu corazón, Tartagal de mil colores". Esta imagen de abundancia, sin embargo, esconde una profunda paradoja: cada año, miles de toneladas de esta valiosa fruta se pudren al pie de los árboles. ¿Cómo es posible que un recurso tan rico y generoso sea, al mismo tiempo, una fuente de desperdicio, contaminación y oportunidades perdidas? La respuesta a esta pregunta podría ser la clave para una nueva bioeconomía regional.
Recurso que se pudre
El desperdicio masivo del mango en el nordeste es más que una simple pérdida de fruta; representa un desafío logístico, económico y ambiental. Mientras vecinos como Perú exportan más de 239.000 toneladas anuales, una gran porción de la producción argentina se desaprovecha. ¿Cuál es la diferencia estructural y cómo la valorización de los residuos podría cerrar esta brecha? La abundancia se convierte en una carga, y lo que debería ser un activo se transforma en un pasivo que contamina y evidencia las fracturas en la cadena de valor.

Dimensión del desperdicio
La escala del problema es abrumadora. Según estimaciones de la industria, los subproductos como la cáscara y la semilla, que a menudo se descartan, constituyen entre el 40% y el 60% del peso total de la fruta. Pero el desperdicio comienza mucho antes, con la fruta que ni siquiera llega a ser procesada en las principales zonas productoras. Solo en Salta y Jujuy se cultivan unas quinientas hectáreas que producen siete mil quinientas toneladas anuales, principalmente de variedades comerciales como Keitt, Kent, Osteen y Tommy Atkins, destinadas al mercado de fruta fresca.
El caso de Fernando Ortiz, un productor de Colonia Santa Rosa, Salta, ilustra la contradicción. Aunque elabora una exitosa salsa picante de mango, se enfrenta a una paradoja: no encuentra suficiente mano de obra para recolectar y almacenar la fruta, a pesar de que los árboles de la región están repletos. Este desafío a nivel artesanal destaca una brecha sistémica en la logística y organización de la cadena de valor que los actores industriales y las redes comerciales apenas comienzan a abordar.
Esta situación afecta de manera desproporcionada al mango "criollo". Esta variedad, por sus características, no compite en el mercado de fruta fresca ni se integra como materia prima industrial, quedando relegada al olvido. Irónicamente, es este mismo mango criollo, el más despreciado, el que se ha convertido en el protagonista de las innovaciones científicas que prometen transformar el problema en una solución.

Economía y ambiente
La fruta no recolectada se transforma rápidamente en un "foco de contaminación", atrayendo plagas y generando residuos orgánicos en descomposición. Esta situación tiene implicaciones que van más allá de lo estético.
Basándose en la experiencia de Colombia, un proyecto de FONTAGRO advierte que los residuos y las frutas de segunda calidad abandonadas en el campo pueden agravar serios problemas fitosanitarios. Concretamente, se convierten en un caldo de cultivo ideal para la propagación de la mosca de la fruta, una plaga que representa una de las principales barreras para la exportación. Así, lo que comienza como un problema de gestión termina generando un círculo vicioso. Sin embargo, más allá de la fruta perdida, lo que realmente se está desaprovechando son las valiosas oportunidades ocultas en lo que hoy se considera "basura".
De residuo a recurso bioactivo
Desde una perspectiva científica, los "residuos" del mango no son basura, sino una mina de oro. La cáscara y la semilla son una fuente concentrada de compuestos de alto valor. Un estudio publicado en la prestigiosa revista Food Chemistry, realizado por investigadores de la UNNE y España, lo resume de forma contundente: "Los subproductos del mango criollo son una rica fuente de compuestos bioactivos". Este cambio de paradigma transforma un problema ambiental en una extraordinaria oportunidad de negocio.

Oportunidades industriales
Las aplicaciones potenciales de estos subproductos apuntan a mercados en plena expansión que demandan ingredientes naturales y funcionales.
• Industria alimentaria: la cáscara y la semilla son ricas en polifenoles con una potente capacidad antioxidante. Pueden ser extraídos y utilizados como aditivos naturales, respondiendo a la creciente demanda de los consumidores por dietas funcionales. Esta demanda de mercado es precisamente lo que hace tan críticas a las nuevas tecnologías de extracción desarrolladas por la UNNE. Su uso de "Solventes Eutécticos Profundos" no es una curiosidad científica; es la llave para desbloquear este mercado al hacer la extracción económicamente viable y ambientalmente segura.
• Industria cosmética: los componentes fitoquímicos de la cáscara tienen un enorme potencial en el sector cosmético. Investigaciones del proyecto binacional Perú-Colombia ya exploran su uso para el desarrollo experimental de productos como protectores solares, aprovechando sus propiedades naturales para el cuidado de la piel.
• Mercados de alto valor: la grasa contenida en la semilla de mango ya está clasificada internacionalmente como un sucedáneo de la manteca de cacao. Este es un producto de altísimo valor en la industria de la chocolatería y otros mercados gourmet, un sector donde los precios superan frecuentemente varios miles de dólares por tonelada, abriendo una puerta directa a una industria millonaria con una materia prima que hoy se descarta.
Este catálogo de posibilidades demuestra que el futuro del mango no está solo en su pulpa. Afortunadamente, ya existen iniciativas concretas que están trabajando para materializar este potencial.

Iniciativas de valor
La transformación del mango de problema a oportunidad ya está en marcha. Desde laboratorios universitarios hasta proyectos de cooperación internacional y emprendimientos locales, diversas iniciativas están sentando las bases para una nueva industria basada en la bioeconomía, la innovación y el desarrollo sostenible.
La investigación científica es la punta de lanza para desbloquear el valor oculto en los subproductos del mango.
• Investigadores de la UNNE y de España fueron pioneros en el uso de "tecnologías limpias". Mediante la extracción asistida por ultrasonido (UAE), lograron aumentar el rendimiento de extracción hasta en un 33% en comparación con métodos convencionales, utilizando menos solventes tóxicos.
• Un avance aún más reciente es el uso de "Solventes Eutécticos Profundos" (DES). Descritos como ecológicos, no tóxicos y reutilizables, estos innovadores solventes han logrado multiplicar hasta por cinco la eficiencia de extracción de compuestos en las semillas. En términos prácticos, esto significa generar cinco veces más producto de alto valor desde la misma cantidad de residuo, alterando drásticamente los cálculos de rentabilidad para cualquier potencial biorrefinería.
Estos avances científicos están siendo capitalizados por proyectos prácticos y empresas que buscan agregar valor en el terreno.
• El proyecto de cooperación entre Perú y Colombia, impulsado por FONTAGRO, trabaja con un enfoque de "biorrefinería". Este modelo elimina el concepto de residuo, ya que cada salida de un proceso se convierte en la materia prima para una nueva industria, creando un ecosistema productivo circular.
• En la Argentina ya existen ejemplos de industrialización. La empresa "El Mortero", ubicada en San Javier, Misiones, se dedica a la elaboración de pulpas naturales de frutas tropicales, incluido el mango, demostrando que es posible agregar valor a nivel local.
•A nivel de comercialización, redes como "El Click" conectan a consumidores con productores de diversas variedades de mango agroecológico de Misiones, Tucumán, Formosa y Jujuy, ofreciendo variedades como Tommy, Criollo, Rosado, Sensación y Manga, y fomentando un consumo más consciente y diversificado.

Futuro con "corazón de mango"
El futuro del mango en el norte argentino depende de la capacidad de integrar la ciencia de vanguardia, una logística eficiente y un espíritu empresarial innovador. Superar el desafío del desperdicio no se trata solo de recolectar la fruta que cae, sino de reimaginarla como una materia prima para múltiples industrias. La pregunta ya no es si el mango descartado es un recurso, sino quién —emprendedores, cooperativas o legisladores— será el primero en construir la cadena de valor integrada que convierta este problema regional en una oportunidad global.
diario norte