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Boca cambió la energía en una ráfaga y pasó de la desaprobación al desahogo frente a Pereira

Alguna vez, Juan Román Riquelme apuntó: “si sos bueno, tenés que ganar la Copa Libertadores”. Un puñado de días atrás, el entrenador Almirón sentenció que “si los jugadores están cap...

Alguna vez, Juan Román Riquelme apuntó: “si sos bueno, tenés que ganar la Copa Libertadores”. Un puñado de días atrás, el entrenador Almirón sentenció que “si los jugadores están capacitados para jugar aquí, es el momento de demostrarlo”. Las definiciones del vicepresidente y hombre que maneja el fútbol profesional y del director técnico parecen rescatar a Boca, que superó agónicamente 2-1 a Deportivo Pereira, por la segunda jornada del Grupo F. El gol del peruano Advíncula suavizó el descontento, ése que comprometía su futuro en el torneo con la caída. Boca necesitaba un cambio de energía y fue el juvenil Barco con su entereza y la aparición goleadora de Varela los que sacaron a los xeneizes del atolladero.

“Vamos xeneize no le falles a tu hinchada…”, el grito de guerra, el clamor de la multitud en la Bombonera. La Copa Libertadores se convirtió desde hace años en una obsesión, pero la actual se presenta como un mandato: el equipo quedó a 16 puntos –en 12 jornadas– del puntero River en la Liga Profesional. El empuje y el deseo necesita de una argumentación para que la ilusión se sostenga, y ahí Boca falla. No es de ahora, porque los ciclos se acumularon y antes de Almirón estuvieron otros conductores –Battaglia e Ibarra–, pero el brillo de las estrellas que se sumaron en el escudo no resultaron una plataforma desde la cual lanzarse futbolísticamente.

Una reconstrucción más profunda, que no se encuadra a una serie de partidos, necesita Boca. Debe reinventarse, calibrar y jerarquizarse. Pide un sacudón, de esos que hacen vibrar los cimientos, que no se ata a los nombres ni al pasado. Las ausencias, por lesión o expulsión Almirón no dispuso del paraguayo Valdez, Roncaglia, Rojo, Fabra, Ramírez, Langoni y Zeballos, enseñaron que los xeneizes tienen cantidad de piezas, aunque no todas dan la talla. Una vez más los duelos individuales, con Villa y Briasco por las bandas, el camino seleccionado para avanzar, aunque las iniciativas no generaron desequilibrio. Y esa única vía promovía desentenderse de las asociaciones en ofensiva, de la formación de tándem por los laterales, las agrupaciones de los volantes, las triangulaciones… Un dato: recién a los 20 minutos, Boca combinó una secuencia de pases, pero el movimiento se diluyó en un centro de Briasco que rebotó en el delantero de la selección armenia. Las constantes indicaciones que ordenaba Almirón –de pie junto a la línea lateral–, una muestra del escaso tiempo de trabajo y de que el mensaje todavía no prendió en los jugadores.

Compacto de Boca 2 vs. Pereira 1

Un rival ordenado, que propuso juego y control de la pelota, lo desairó en el primer tiempo. Una estructura que no arribó con deseos de ser un partenaire, si no de pulsearle el dominio a un equipo que no infunde el temor de los años dorados. Los movimientos de los hermanos Arley y Ángelo Rodríguez en el frente de ataque; las trepadas de los laterales-volantes Zuluaga y Fory, el manejo del ritmo de Bocanegra y el apoyo Velásquez y más tarde Medina –reemplazó al capitán Vásquez en el primer capítulo–, las razones colectivas que ubicaban a los colombianos un par de escalones por encima de lo que ofrecía Boca.

“Movete Boca, movete”, apuró el público desde las tribunas ante la pasividad. Un pase directo a Benedetto, que bloqueó Perea, y las transiciones rápidas –después de alguna acción con pelota detenida a favor de Pereira–, lo poco que enseñó Boca para quebrar el marcador, ante un rival que el año pasado logró su primer título nacional y que tiene en la actual Libertadores su estreno internacional. No lo incomodó la inexperiencia y el asalto en el tramo final del primer tiempo lo demostró: Ángelo Rodríguez intentó fabricar un penal, que el árbitro uruguayo Matonte no sancionó; Chiquito Romero salvó la caída ante un remate de Medina y el VAR le dio fuerzas, después del gol que anotó el zaguero Quintero, de cabeza. Una falta de Arley Rodríguez sobre Pol Fernández, el movimiento que anuló la conquista.

Desde lo actitudinal, Boca intentó una reacción. Y el sector izquierdo fue el elegido para ser punzante: Villa se comprometió y Barco hizo un surco escalando desde la defensa… El empuje de los de afuera pareció contagiar a los de adentro, aunque Almirón observaba las alternativas que tenía a mano para modificar el rumbo, ese que se hizo más empinado con el gol de Fory, que desató el descontrol en la Bombonera.

“La camiseta de Boca, se tiene que transpirar; jugadores, la c… de su madre…”, era la desaprobación para un equipo que hipotecaba la clasificación en la Copa Libertadores. Pero Advíncula sacó un conejo de la galera y luego Varela selló una asistencia de Barco, el juvenil que revitalizó a una estructura que parecía vencida.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/boca-juniors/boca-cambio-la-energia-en-una-rafaga-y-paso-de-la-desaprobacion-al-desahogo-frente-a-pereira-nid19042023/

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