Crónicas de un viaje | «Adopté un abuelo italiano pero él no lo sabe»

Sentada en el hostel en Madrid me tiño el pelo de rosa la noche anterior a recorrer Italia. ¿Por qué lo hago?, será la pregunta que me hará mi mamá y mi hermana semanas después al volver a verlas. La respuesta es muy simple: tengo ganas de tener el pelo rosa, me compré la tintura y convertí el hall del hostel en peluquería. En realidad quería teñirme durante el viaje, pero como no puedo llevar tintura en la valija de cabina y mañana sale mi vuelo no hubo otra alternativa: me envolví el pelo mojado y teñido, rogué no manchar las sábanas blancas y me acosté.

 

Ya es la hora de irme, no hay nadie del hostel. Se me hizo tarde y salgo rápido, dejo la llave en la mesa de entrada, había pensado en dejarle una nota con mi nombre pero me olvidé. Camino con pasos largos, en mi espalda mi mochila, en mi mano derecha mi valija gris. No dejo de pensar en que no le avise a nadie que me iba antes del check out del hostel y ruego que la chica de recepción (que era argentina) suponga que la llave era mía y que no tenga problemas o mejor dicho que no me cobren nada en la tarjeta por irme sin avisar. Hago cambio de metro y ya falta poco para llegar al aeropuerto. Me bajo en la terminal 3. Intento abrir la puerta con el ticket y no abre, se acerca la chica de control mira mi ticket y me dice que la empresa Ryanair sale de la terminal T1. Genial, viaje tantas veces desde Madrid con Ryanair y todavía me equivoco de terminal,pienso y busco los carteles que indican cómo llegar a la T1.

 

Después de caminar rápido, subirme al bus que me llevó de la T3 a la T1 y tomarme un café apurada estoy sentada en el avión escuchando al piloto darnos la bienvenida al vuelo con destino a Bolonia…

 

Me bajo del avión, luego de dos horas y media de vuelo,  busco el autobús que me lleva del aeropuerto a la estación de tren central, camino varios minutos, no entiendo muy bien los carteles en italiano, preguntó a unas chicas y no saben, pregunto a un hombre y me indica. Tomo el autobús, llego a la estación y pido el próximo tren a Gorizia, sale en cinco minutos. Me da el ticket y a paso rápido, prácticamente corriendo, voy a la plataforma. Me subo. Me esperan cuatro horas de viaje en tren. Me acomodo, leo, duermo, miro redes sociales, escribo y controlo con Google Maps por donde voy.

 

La imagen puede contener: cielo, avión, nubes y exterior

 

Gorizia queda en el noroeste de Italia, en la frontera nacional con Eslovenia. Esta ciudad fue dividida durante la Segunda Guerra Mundial a través de una frontera dejando de un lado a los italianos y del otro a los yugoslavos. Debido a esto, la parte de la ciudad que quedó del lado de Eslovenia pasó a llamarse Nova Gorica. Recién a finales de 2007, cuando Eslovenia ingreso en el Acuerdo de Schengen se permitió la libre circulación sin controles fronterizos entre las dos partes de la ciudad. Esos datos sirven para tener en cuenta donde queda esta ciudad pero lo más importante es que en Gorizia vive mi amiga Alessia, una italiana que conocí durante mi intercambio en España y que me está esperando para recorrer juntas su ciudad. Mi primer ciudad italiana con una amiga italiana ¿se pueden imaginar algo mejor?.

 

Frontera entre Eslovenia e Italia - Wikipedia, la enciclopedia libre

 

Desde Bolonia el tren pasa por Venecia y luego va hacia Gorizia. Ya pasaron tres horas y tendría que estar cerca porque según mi ticket debería llegar en una hora, miro Google Maps y veo que mi tren está yendo en dirección contraria después de haber pasado Venecia. Miro nuevamente el ticket para ver si tenía que hacer cambio de tren pero no dice nada. Respiro fuerte. Le escribo a mi amiga Alessia, le mando foto del ticket, busco en internet el trayecto y confirmo que en Venecia me tendría que haber bajado para cambiar de tren. Mi amiga me dice que espere que le va a pregunta a una amiga que suele hacer ese trayecto porque en el ticket no dice nada de cambiar de tren y le contesto que en la próxima estación me voy a bajar porque cada vez me estoy yendo más lejos.

 

Fotos en Stazione Gorizia Centrale - 4 tips

 

El tren llega a la estación Monselice y me bajo. No tengo idea a donde estoy, nunca escuche el nombre de este lugar. No hablo italiano pero si hablo lento el español y hago muchas señas me deberían entender. Voy a boletería, le explico al señor que yo quería ir a Gorizia, le muestro el ticket y trato de modular lo mejor posible. Logro que me entienda y me dice que en una hora tengo el próximo tren, que tengo que hacer cambio en Venecia (en italiano, claro), me imprime un nuevo ticket. Agarro el ticket, saco la billetera, le pregunto cuánto es y el señor me responde “nada”. Lo miro con ternura, le doy las gracias en español e intento pronunciar en italiano “grazie”como lo había escuchado en mis amigos.

 

 

Ya son las cuatro y media de la tarde debería estar en la casa de mi amiga pero estoy en este lugar que ni siquiera se como se pronuncia. Desde las ocho de la mañana que desayune en el aeropuerto no comí nada. Tengo hambre y aprovecho este tiempo que tengo que esperar para comprar algo para comer.  Veo un bar, entro y en el mostrador hay exhibidas pizzas. Pido una porción de pizza y un café con leche, quizás a muchos les parezca un asco la combinación de pizza con café pero tengo hambre y sueño.

 

Venecia pone en marcha un sistema para contar turistas

 

Me siento en el bar. Después de unos minutos me traen mi pedido caliente, ideal para pasar la espera en la fría tarde italiana. Mientras estoy comiendo aparece el señor de la boletería, me dice en italiano rápido algo y se va, creo entender que está llegando un tren en el que me puedo ir, pero no estoy segura. Entonces como rápido la pizza y lo busco en la boletería. El señor me explica lento en italiano que hay un tren que llega en cinco minutos y va a Venecia, que lo puedo tomar así no espero una hora más hasta que llegue el tren que me había dicho primero. Sonrio, le doy las gracias. El señor me dice que lo tengo que tomar en la plataforma 2, miro y veo la 1, la 2 está cruzando las vías y no veo el paso. Le pregunto y me dice que el paso es por abajo, lo miro como diciendo «y por dónde por abajo». Sale de su garita hasta donde estoy parada, camina conmigo y me muestra por donde ir «por abajo». Le agradezco nuevamente. Me subo al tren.

 

La imagen puede contener: cielo, casa, exterior y agua

 

A pesar de perder casi tres horas porque no me avisaron que tenía que hacer cambio de tren, Italia arranca bien gracias al señor que me ayudó como si fuera mi abuelo.Ese abuelo que nunca tuve pero que imagine tenerlo esta tarde cuando el señor con pelo blanco, voz ronca y paso lento me explicó con paciencia, me buscó en el bar y caminó conmigo. Entonces entendí que allí en esa estación de tren italiana quedaba un señor que me había hecho sentir por primera vez algo parecido al amor de un abuelo, por eso lo adopté pero no sé lo dije, no supe como hacerlo y sólo atiné a decirle varias veces gracias con un acento entre español e italiano.

 

diario21

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