El primer pueblo de mujeres de Oriente Medio será inaugurado en el Kurdistán sirio

Un nuevo pueblo construido por y para mujeres será inaugurado este domingo en la federación autónoma kurda de Rojava, en el noreste de Siria, un proyecto único en Oriente Medio que pretende dar refugio a las víctimas de la guerra y la violencia.
La fundación de Jinwar -que en kurdo significa “lugar de mujeres”- coincidirá así con el día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
En la población residen actualmente ocho familias, compuestas en su mayoría por viudas de la guerra civil que hace siete años sufre Siria, informó la agencia de noticias sirio-kurda Hawar.
“Vine a vivir aquí con mis 10 hijos porque la vida es difícil para nosotros. No puedo hacerme cargo y no quiero sentirme culpable por no poder ayudarlos”, explicó Badria Darwish, cuyo esposo murió luchando contra el grupo radical islamista Estado Islámico (EI).
Ubicado a tan sólo unos kilómetros de los lugares donde los yihadistas decapitaban a sus víctimas, Jinwar pretende ser una aldea “de paz, amor y convivencia sin el dominio del hombre”, según los organizadores del proyecto.
Esta iniciativa pionera en la región surgió hace dos años gracias al trabajo colectivo de decenas de organizaciones de defensa de los derechos de la mujer, la administración autónoma de Rojava y agrupaciones feministas.
Las mujeres del Kurdistán sirio, famosas en el mundo por integrar las Unidades Femeninas de Protección (YPJ), una de las militancias que más daño hicieron al EI en el norte de Siria, luchan ahora por continuar su revolución fuera del campo de batalla.
“La idea era construir un pueblo en el que las mujeres puedan vivir juntas libremente, de forma comunitaria y cercana a la naturaleza. Un lugar en el que las mujeres puedan desarrollar su propia economía y organizar su vida en de manera libre y autónoma”, dijo Nojeen, una voluntaria alemana, citada por la radio estadounidense Voice of America.
La aldea se construyó en forma triangular con materiales ecológicos y está compuesta por 30 casas, una escuela, una clínica, un parque y un pequeño museo.
Además, el proyecto prevé la construcción de un dispensario, una cocina comunal, una librería, una verdulería, una panadería y hasta un hospital, todos ellos gestionados por las habitantes.
“Las mujeres en Jinwar recibirán cursos de formación. Trabajarán en el campo, prepararán medicamentos con hierbas naturales, educarán a los niños en la escuela y vigilarán el pueblo por la noche”, indicó Rumet, una de las residentes.
Basada en los principios de la auto-sustentabilidad, la aldea será alimentada por energías renovables y su economía dependerá de la producción y el trabajo de sus vecinos.
Para ello, Jinwar cuenta con más de 400 árboles frutales, campos de cereales y una granja para la cría de animales.
Mujeres de todas las etnias y nacionalidades están invitadas a emprender una nueva vida junto a sus hijos en este refugio situado en el corazón del Kurdistán sirio, donde los hombres son bienvenidos, pero sólo como visitantes.
Si el proyecto tiene éxito, los organizadores pretenden construir poblaciones similares en el resto de la región.
La igualdad entre hombres y mujeres es uno de los pilares principales del sistema político de la federación autónoma kurda de Rojava, proclamada en marzo de 2016 por representantes de partidos kurdos, árabes, asirios y turcomanos.
La región, cuya autonomía no es reconocida por el gobierno sirio de Bashar al Assad ni Turquía, está basada en un modelo de democracia directa y es administrada por una serie de asambleas populares bajo el Comité Supremo Kurdo.
El Kurdistán se encuentra ubicado en una región de Asia Menor repartida entre Turquía, Irak, Irán y Siria, y son conocidos como “la etnia sin Estado”.
Fuente:
Télam

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