La increíble historia de Marcos Rodríguez Pantoja, el niño salvaje que creció entre lobos y sufre entre humanos

Tiene 72 años. Hay películas y libros con su extraño caso.

En la ficha personal que Marcos Rodríguez Pantoja tiene en Wikipedia se lee:

Nacimiento: 7 de junio de 1946 en Añora.

Nacionalidad: española.

Ocupación: niño salvaje y pastor.

 

Es verdad que cualquiera puede editar Wikipedia (sin ir más lejos, en las últimas horas se publicó que había fallecido el técnico Carlos Salvador Bilardo…) pero también que desde que se conoció su caso, Marcos Rodríguez Pantoja se ocupa de eso: haber sido niño salvaje y pastor.

El escenario de su increíble historia es Sierra Morena, una cordillera del sur ibérico.

 

 

Son las mismas montañas donde ocurren algunas de las aventuras que Miguel de Cervantes Saavedra le hizo vivir en el siglo XVII a Don Quijote: ese librazo incluye capítulos enteros con eje en ese entorno natural.

 

Es ahí, por ejemplo, donde el ingenioso hidalgo y su fiel escudero Sancho Panza tienen un encuentro extraño. Lo vio el Quijote:

por cima de una montañuela, que delante de los ojos se le ofrecía, iba saltando un hombre de risco en risco y de mata en mata con extraña ligereza: figurósele que iba desnudo, la barba negra y espesa, los cabellos muchos y rebultados, los pies descalzos y las piernas sin cosa ninguna; los muslos cubrían unos calzones, al parecer de terciopelo leonado; mas tan hechos pedazos que por muchas partes se le descubrían las carnes.

Era El Roto de la Mala Figura.

 

Marcos ha relatado sus propias aventuras: aproximadamente desde los 7 años hasta los 19 se la pasó lejos de la civilización, en esas montañas. Empezó en 1953, después de vivir en la Andalucía rural con sus padres Melchor y Araceli.

La mamá murió y el papá terminó vendiéndolo como esclavo a un ranchero que luego se lo dejó a un pastor de Sierra Morena que luego falleció. Y luego Marcos se quedó ahí, solísimo.

En su relato aparece tomando leche directamente de las cabras, tratando de cazar faisanes, desayunando raíces cual jabalí. Y entrando en una cueva donde se quedó dormido con unos cachorros de lobo.

 

Les robé un cacho de carne y de repente ¡zas! la madre me lo quitó de la boca, gruñéndome. Creí que iba a matarme, pero no. Me dio un trozo, me lamió y me acurruqué con ella. Hoy en día esa es la única mamá que reconozco.

Marcos Rodríguez Pantoja

Dice que lo criaron los lobos.

Dice que perdió el uso del lenguaje y ganó sonidos naturales: empezó a ladrar, a piar, a chillar, a aullar.

Dice que aprendió a comunicarse con los animales.

 

Es muy posible que humanos y lobos coexistan. ¿Creo que los lobos iban cada vez que Marcos los llamaba? Bueno: eso es más debatible.”

José España, biólogo especializado en lobos

En 1965 un guardabosques que patrullaba las montañas vio a un hombre con pelo largo, vestido con pieles, vagando. Un Roto de la Mala Figura en el siglo XX.

3 hombres a caballo fueron a buscarlo, lo atraparon y lo sacaron de ahí mientras la criatura aullaba.

Ubicaron en Cardeña (Córdoba) a su papá Melchor, que volvió a darle la espalda. Entonces simplemente lo abandonaron en la plaza central. Y Marcos volvió a las montañas, con unos pastores que se trasladaron a Lopera (Andalucía).

Lo intentó rescatar Juan Gálvez, el hijo de un médico. Y después pasó a un convento de monjas. Y después lo metieron en el servicio militar (casi mata a otro colimba de un tiro). Y después se instaló en la isla de Mallorca, donde lo estafaron, le robaron y nadie creía su cuento de las montañas y los lobos.

 

Lobo está con Marcos. (Facebook)

Lobo está con Marcos. (Facebook)

 

Se puso a trabajar en un bar y se aprovecharon de él: le pagaban menos y lo ponían a venderles marihuana a los turistas. Sin saber de qué se trataba: le dijeron que eran remedios estomacales.

─Vengo por “la medicina” ─decía la gente. Marcos se las proveía.

Ahí conoció en 1975 a Gabriel Janer Manila, un antropólogo que le prestó atención y en parte le creyó y usó al niño salvaje y pastor para su tesis de doctorado y lo registró así:

 

 

 

Lo que ocurre es que Marcos no cuenta lo que sucedió, sino lo que él cree que sucedió.”

Gabriel Janer Manila, autor de una tesis y una novela sobre el caso.

Algunas cosas que le pasaron al volver a la civilización:

* Dormía en el piso, sobre unos diarios.

* Quiso tomar la sopa con la mano. Y no pudo entender que había que pagar por la comida.

* En la peluquería pensó que lo iban a degollar.

* Oyó voces que provenían de un aparato grande de madera y pensó que había personas atrapadas ahí: quiso rescatarlas y de pronto hubo sólo silencio. Había destrozado una radio.

* Huyó aterrorizado del cine cuando estaba viendo un western y los cowboys galopaban hacia la cámara.

 

Aullando. (Facebook)

Aullando. (Facebook)

 

Pero siempre lo peor era que no le creían:

─Me humillaban. Aprendí a odiar y a tener vergüenzaLa he pasado muy mal entre los humanos.

 

Jugando. (Facebook)

Jugando. (Facebook)

 

Marcos terminó viviendo en condiciones de miseria en Málaga, hasta que en 1998 un policía retirado, Manuel Barandela, lo acogió en Rante, un pueblito de Galicia. Y desde entonces se quedó en tierra gallega.

 

Sentí algo raro… Le costaba mirarme a los ojos, hablaba mirando el piso… Estaba demasiado pendiente de mi reacción: si yo lucía confundido, él se desanimaba; si yo parecía entusiasmado, él se ponía contento.

Matthew Bremner, escritor escocés que lo entrevistó

Pero algo cambió en 2010: salió la película Entrelobos, de Gerardo Olivares, basada en lo que había escrito el antropólogo Janer Manila.

 

 

Cambió MUCHO: periodistas hacían guardia en su casa, la TV española pasó a llamarlo “El Hijo de los Lobos”, la BBC lo etiquetó como “El Hombre Lobo”; la gente quería conocerlo, incluso una mujer fue a declararle su amor…

Desde entonces se ocupa de haber sido aquel niño salvaje y pastor. Dice que ve seguido la película, sobre todo cuando está triste o no se puedo dormir. Y cree que vivir ahí, así, era glorioso.

─Se me ocurrió muchas veces regresar a las montañas ─admite─. Pero ya me había metido en esta vida y vi que había muchas cosas que allá no tenía, como la música o las mujeres. La mujer tira mucho.

 

 

A los 72 años se declara maravillado, aún, por los encendedores. Mira TV varias horas al día. Y en la casa conserva recortes de diarios con su historia y calendarios con chicas desnudas:

Ya huelo demasiado a humano.

 

Clarín

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