La selección argentina entrenó en Huracán ante la mirada de miles de niños

n ambiente familiar para acompañar aLionel Messi y cía. Al estadio del Globo sólo ingresaron menores de edad que concurren a escuelas primarias, hogares y comedores de barios de escasos recursos, así como también chicos que formen parte de clubes. Todos acompañados por mayores.

Posiblemente, esa veintena de chicos de 8 o 9 años de Banfield solo hayan escuchado su apellido de boca de algunos de sus padres. Jorge Burruchaga, el hombre del tercer gol en la final de México 1986, entró al Palacio Ducó casi como uno más, desapercibido.Burru, claro, es ídolo de otras generaciones.

Lo que esos miles de chiquilines querían ver, muchos de ellos por primera vez en sus vidas, llegaba desde Rosario y semanalmente, a través de la televisión, desde Barcelona: Messi. Y la cancha de Huracán estalló cuando Matías Martin, dentro del campo de juego, anunció el nombre del astro argentino.

“¡Olé, olé, olé, olé, Messi, Messi!” y “Que de la mano, de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar”. El primer cantito, a las 10 en punto, fue un clásico: “¡El que no salta es un inglés!”.

Chicos de todas las edades invadieron las tribunas del Ducó. Desde Córdoba, los jugadores de las inferiores de Instituto. Los socios de la Liga de Hurligham, Almagro, Banfield y Boca, no quisieron perderse la práctica de la selección. Todos vestidos con la camiseta de celeste y blanca con la ’10’ en la espalda, gritaron, cantaron y aplaudieron el espectáculo montado para despedir al equipo en la antesala de su odisea mundialista.

Las infantiles del Club Amirante Brown, Sportivo Pereyra, la Asociación Deportiva infantil, los jugadores locales de Huracán, la selección talla baja, la selección de fútbol inclusivo y los jóvenes rosarinos también dijeron presente.

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