Una por una, las exigencias del FMI a la Argentina

Álvaro Alsogaray, Roberto Alemann, Adalbert Krieger Vasena, José Alfredo Martínez de Hoz, Bernardo Grinspun, Juan Vital Sourrouille, Domingo Cavallo, Roque Fernández, José Luis Machinea y Roberto Lavagna han sido ministros de Economía que a lo largo de 60 años negociaron rescates del Fondo Monetario Internacional (FMI). Ahora le toca a Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda con menos atribuciones que sus antecesores, acotadas por Mauricio Macri y la Jefatura de Gabinete. Las próximas semanas mostrarán si este ministro débil, aunque de confianza del Presidente, negocia con fortaleza el monto y las condiciones del salvataje que repentinamente pidió la Argentina este 8 de mayo.

Uno de los principales operadores bursátiles del mercado local reconoce que hace pocas semanas “nadie” preveía una corrida cambiaria como la que afecta al mundo emergente, pero sobre todo a la Argentina, desde el 27 de abril. Cuando el dólar alcanzó los 23 pesos el 3 de mayo, comenzaron los rumores de un blindaje del FMI.

No bastaron para calmar el mercado cambiario los nuevos ajustes fiscal y monetario anunciados al día siguiente, ni la orden del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, de que los bancos reduzcan del 30% al 10% sus activos en dólares. El dólar apenas se estabilizó por sobre los 23 pesos con las negociaciones que Dujovne inició este 9 de mayo con el director del FMI para las Américas, el mexicano Alejandro Werner, y el encargado del caso argentino, el italiano Roberto Caldarelli. Al día siguiente, el ministro se reunió con la jefa del Fondo, Christine Lagarde. Con su ex par de Francia, condenada por la Justicia de su país por negligencia en el desvío de fondos públicos, Dujovne venía cultivando una estrecha relación: la había invitado a cenar a su casa en Buenos Aires en marzo pasado, junto a Roque Fernández, y la había recibido en la embajada argentina en Washington el 17 de abril en plena reunión semestral del FMI.

En las próximas semanas, la Argentina recibirá una misión del organismo. Primero deberá pactar el rescate con el duro staff, que en este caso encarnan Werner y Caldarelli, y después se someterá el acuerdo al directorio, donde Estados Unidos es el principal accionista, seguido por Japón, China, Alemania, Francia y Reino Unido. Ahí radica una de las razones del acercamiento de Macri a su par norteamericano, Donald Trump. Lagarde está entre medio de los técnicos y los políticos: fue elegida por el directorio, pero manda al staff. En 2003, incluso el FMI prestó a la Argentina pese a la resistencia de los técnicos y del propio director gerente del organismo en aquel entonces, el alemán Horst Köhler.

Se desconoce lo que decidirán las potencias, pero ya se sabe lo que opina el staff. El 1º de diciembre pasado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) resumía en cuatro párrafos su informe anual de 83 páginas sobre la economía argentina, el llamado Artículo IV. Sólo el primer párrafo era elogioso, destacaba que la actividad estaba recuperándose, que el gobierno de Macri había “desencadenado múltiples distorsiones”, había recuperado la transparencia de las estadísticas públicas y había corregido “muchos de los desequilibrios macroeconómicos más urgentes”. El propio FMI y la mayoría de la prensa destacó sólo aquello, pero los otros tres párrafos del resumen anticipaban la crisis actual del país: el alto déficit fiscal cubierto con creciente endeudamiento externo, que a su vez trae rojo de la cuenta corriente (compuesta sobre todo por el comercio de bienes y servicios) y sobrevaluación del peso. Allí mismo daba los consejos que ahora repetirá en la negociación del salvataje: “Se necesita una mejor combinación de políticas” y “reformas estructurales serán indispensables”.

He aquí entonces lo que pide el FMI a la Argentina, según el Artículo IV. Si el acuerdo final acaba siendo menos exigente, será gracias a la eventual benevolencia de Trump y los otros líderes de los principales accionistas del organismo. Varias de las reformas requerirán la aprobación del Congreso.

-Congelamiento de la contratación de empleados públicos. Si se cumple en la Nación, las provincias y los municipios este año y el próximo, se ahorraría el 1% del PBI.

-Eliminación de regímenes especiales de jubilaciones. El Gobierno evaluó avanzar sobre ellos, como los de diplomáticos, judiciales o docentes, en noviembre pasado, pero reculó ante las protestas por la reforma previsional de diciembre.

-Nueva reforma previsional. No bastó que en diciembre se dejaran de actualizar jubilaciones, pensiones y asignaciones por la recaudación tributaria, y sólo se ataran a la inflación. El FMI propone restringir la pensión universal por vejez, que beneficia a quienes no aportaron lo suficiente, al 30% de la población más pobre. También recomienda recrear las AFJP, a las que iría destinado parte del aporte de los trabajadores (el resto seguiría yendo al Estado).

-Reducción de planes sociales. Unificación de programas y actualización de los beneficios por la inflación futura, y no la pasada, como hasta ahora. Se supone que los precios irán bajando y esto implicará un menor aumento de las ayudas.

-Recorte de otros gastos. El Fondo sugiere disminuir las compras de bienes y servicios, las transferencias de las provincias a los municipios y del Gobierno a las empresas públicas. Si se cortan estos gastos un 4% ajustado por inflación en 2018 y 2019, se ahorraría un 1,5% del PBI.

-Que más personas paguen el impuesto a las ganancias. En la actualidad lo abona el 10% de los argentinos. El FMI reclama que lo tribute el 20%.

-Que menos empleados formales reciban las asignaciones familiares.

-Reducción de tasas de interés. Si se ajusta el déficit fiscal, se podrá relajar la política monetaria, según el FMI.

-Tipo de cambio devaluado. El ajuste fiscal derivará en menor necesidad de deuda externa, lo que combinado con menores tasas de interés favorecerá la depreciación de la moneda, según el Fondo.

-Reforma laboral. Agilizar y abaratar el despido, fomentar el empleo temporario y a tiempo parcial y limitar la negociación colectiva de trabajo es la receta que explicitó el FMI.

-Reducción de barreras proteccionistas. El Fondo advierte que continúan 1.600 licencias contra importaciones de productos y que los aranceles del Mercosur triplican el promedio de países emergentes.

-Apertura de sectores a la inversión extranjera. El organismo señala que existe un trato discriminatorio para el ingreso de empresas foráneas en algunos sectores, ya sea en beneficio de compañías estatales o de firmas privadas argentinas.

-Mejora de las pruebas de stress del sistema bancario. Tras la orden a los bancos de vender dólares, los depósitos en esa moneda bajaron el 0,3%, unos US$ 99 millones, entre el 3 y el 7 de mayo. En el Central desestiman temores de algunos ahorristas: recuerdan que, a diferencia de la convertibilidad, ahora no se dan más créditos en dólares a personas.

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