De Chaco, al horror: Viajaron a probarse a Balfield, los engañaron y vivían en “semiesclavitud”

Los chicos habían sido llevados del Chaco bajo la promesa de probarse en Banfield, pero en vez de eso les habían sacado los teléfonos celulares para que no pudieran comunicarse con el mundo exterior, que estaban hacinados en una casa que no tenía los servicios mínimos  y los obligaban a hacer servicios de albañilería en ese lugar mientras eran atendidos por un hombre que se presentaba como un “pastor” que los iba a elevar espiritualmente.

Empezó en Independiente. Sumó en una semana casos en otros tres clubes del Gran Buenos Aires. Y mientras el ruido mediático sólo buscaba si había famosos en el medio de la trama, la investigación sobre el abuso de menores en el fútbol argentino comenzaba a plantear un mapa mucho más inquietante: salía de la geografía de Buenos Aires para instalarse en varias provincias del país, entre ellas Chaco está ya bajo la mirada de la fiscal Soledad Garibaldi, al frente de la investigación que sacude a la sociedad. Y el proceso amenaza con sumar más actores y territorios a medida que avanza la causa.

Fue precisamente en febrero del 2017, que entrenador del club, Héctor Barrios (hoy imputado en la causa), contaba a Canal 9 que “era tanta la bendición” que decidieron llevar 20 chicos a probar a Balfield, pero cuando los niños llegaron a Buenos Aires, todo cambió.

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LA DENUNCIA

La causa está radicada en el Juzgado Federal Número 2 de Morón, a cargo del doctor Jorge Rodríguez, que se inició el 8 de julio de 2017 a raíz de dos llamadas realizadas al 911, donde se denunciaba que 12 chicos de entre 13 y 14 años estaban viviendo en un estado de semiesclavitud en una casa precaria de Aldo Bonzi, partido de La Matanza (foto).

Cuando los investigadores llegaron descubrieron que los chicos habían sido traídos del Chaco bajo la promesa de probarse en Banfield, pero en vez de eso les habían sacado los teléfonos celulares para que no pudieran comunicarse con el mundo exterior, que estaban hacinados en una casa que no tenía los servicios mínimos (ni cloacas ni gas, por ejemplo) y que los obligaban a hacer servicios de albañilería en ese lugar mientras eran atendidos por un hombre que se presentaba como un “pastor” que los iba a elevar espiritualmente.

El dictamen de la Oficina de Rescate a las personas damnificadas por el delito de trata del Ministerio de Justicia de la Nación es terminante: “De los relatos de los adolescentes se evidencia el aprovechamiento que se habría hecho de las expectativas e ilusiones que los mismos tenían de convertirse en jugadores de fútbol profesional y de la condición vulnerable socioeconómica de sus familias”.

En la investigación logró probarse que la maniobra consistía en preseleccionar jugadores de Inferiores del Chaco, en pruebas que se hacían en el club Molinos de la localidad de Puerto Vilelas y que convocaban a 55 adolescentes por jornada. De ahí salían 15 chicos que eran traídos a Buenos Aires previo pago de 5 mil pesos por familia, bajo la promesa de ingresar a Banfield, club que logró demostrar que no estaba vinculado al caso ni tenía conocimiento de que su nombre estaba siendo utilizado para esta maniobra.

“ES UNA BENDICIÓN”

Así lo calificaba en DT chaqueño que hoy está imputado en la causa, dirigente del Club “El Molino” de Puerto Vilelas (Chaco), había dialogado con Canal 9 en febrero del 2017.

En la entrevista, Héctor Barrios relataba que “el Club Banfield, de la zona sur de Buenos Aires, se contactó con uno de los dirigentes del club y nos pidió si podemos llevar algunos chicos a probar ahí”.

Desde lo espiritual aseguraba “es tanta la bendición que recibimos que estamos por llevar 20 chicos al club”, claro está que esto no era tan así, ya que según la investigación, los menores, al llegar a Buenos Aires, fueron automáticamente incomunicados y comenzaron a vivir un calvario.

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