El ex contador de los Kirchner declaró otra vez y buscó desligarse de los negocios de la familia

Víctor Manzanares, que está preso desde el año pasado en Marcos Paz, dijo que siempre firmó lo que le pidieron los Kirchner.

Víctor Manzanares, ex contador de Cristina Kirchner, declaró el jueves ante el juez Julián Ercolini. Pidió su excarcelación, criticó al juez Claudio Bonadio que lo detuvo en la causa Los Sauces S.A. y señaló que la familia Relats -los contratistas de obra pública que alquilaban uno de los hoteles de Cristina Kirchner- significaban un ingreso mayor para la ex presidenta en concepto de alquiler que lo que pagaban Lázaro Báez y Cristóbal López. Además, Manzanares denunció que sufrió “espionaje ilegal” y se desligó de toda la documentación contable de sus ex clientes.

Su declaración quedó plasmada en más de 20 páginas a las que accedió Clarín. Manzanares, que durante más de 30 años trabajó para los Kirchner, aclaró en un principio que a Néstor lo veía “una vez al año, como muchas dos veces”. ¿En qué ocasiones se encontraban? “A través de un allegado que era Raúl Copetti (ex recaudador del FPV) me pidieron que me ocupara de confeccionar las declaraciones juradas impositivas de Kirchner y de su esposa”.

Fue después de 2007 que el intermediario en la documentación “contable de las empresas”, al igual que todo lo concerniente a las declaraciones juradas, comenzó a ser Osvaldo Sanfelice, apoderado de la ex presidenta.

“Kirchner procedía a firmarlas, firmar el sobre, y luego yo las presentaba ante la oficina correspondiente”, dijo Manzanares que buscó durante toda la indagatoria desvincularse de la acusación: ser organizador y partícipe de la asociación ilícita.

Para la Justicia, en la causa Los Sauces S.A. (inmobiliaria cuyos principales inquilinos fueron Báez y Cristóbal López) quedó corroborado que la empresa era “sólo una pantalla para recibir dinero como ilegítima contraprestación del otorgamiento de la concesión de obra pública, de licencias habilitantes de juego y/o de áreas de la industria petrolera, e introducirlo en el mercado financiero, procurando brindarle la apariencia de origen lícito”.

Manzanares se defendió y buscó que se lo excluya de la figura de la asociación ilícita. “En ningún momento he sido ideólogo de los movimientos financieros. Durante años el doctor Kirchner por sí mismo o a través de su hijo Máximo efectuó operaciones financieras en el Banco Santa Cruz”, que canalizó hasta 2010 el flujo total de los ingresos monetarios de la empresa. Y reiteró: “Jamás suscribí ningún contrato de locación de inmuebles”.

Como contador y buscando desligarse de cualquier responsabilidad de las maniobras investigadas de la familia Kirchner o de sus empresas. Explicó: “Jamás tuve poder de administración, la persona encargada de esa tarea me enviaba los contratos para que procediese a la emisión de las facturas”.

En dos oportunidades, dijo desde que comenzó a ser investigado, en los últimos cinco años, sufrió “estrés”. “Ante tanta denuncia, con tanta persecución, con sentirme perseguido, con espías a mi alrededor, con hackeo de computadoras, con pinchado de teléfonos, no fueron fácil”, se quejó.

Fue entonces cuando dijo que el camino “más fácil” habría sido renunciar a ser contador de la familia Kirchner, “pero no fue así”.

Sin embargo, aclaró que el vínculo terminó el año pasado. “Ya no tengo ningún tipo de relación”, remarcó sobre sus lazos profesionales con la ex Presidenta y sus hijos. Asimismo, recordó que les entregó toda la documentación que había en su estudio.

En varios tramos de su indagatoria, planteó que era “falso” que él fuese organizador de la asociación ilícita destinada a recibir dinero como pago a retorno de la concesión de obra pública mediante contratos de locación de la firma “Los Sauces S.A”, propiedad de Cristina Elisabet Fernández, Máximo y Florencia Kirchner, por parte de empresas de los denominados Grupo Báez, Grupo Indalo y Grupo Sanfelice, entre otras.

“Jamás participé en la suscripción de ninguno de los contratos ni en las decisiones financieras de la familia Kirchner”, aclaró. Y agregó: “Era imposible que pudiera tener la mínima sospecha de que mi labor pudiera ser utilizada para ello”.

En referencia a la doble vara al momento de juzgar a Báez y a López –que fueron el 86% de la facturación de la inmobiliaria–, Manzanares hizo una distinción sobre el hotel boutique Los Sauces, que “actualmente integra el condominio Máximo y Florencia Kirchner”.

Señaló que el complejo turístico fue alquilado “a JCR de la familia Relats” y que dicho contrato de locación representaba 90 mil dólares mensuales, “mientras que los inmuebles locados a las empresas de Báez no llegarían a los 80 mil dólares y las del Grupo Indalo, a los 30 mil dólares”.

En ese sentido, continuó: “Este alquiler (el de los Relats) fue excluido por Bonadio”. Y recordó que en 2009 hubo un fallo judicial que sobreseyó de cualquier ilicitud que esa locación pudiera tener. Señaló que “la vara de medición” respecto a que los inquilinos eran contratistas del Estado “debería ser igual” en la causa Los Sauces SA, es decir, sobreseer a todos.

En otro orden, Manzanares se definió como “un cuatro de copas”. Y fue elocuente: “Como se dice en la jerga, al que más fácil pegarle o si fueran los dichos de mi abuela, el hijo de la pavota”. Dijo no conocer a ningún contratista de la obra pública y repitió: “En 30 años a Kirchner lo vi 30 veces, es decir una vez al año”.

El contador está preso por firmar una carta informando a los inquilinos del condominio que depositen el dinero en una cuenta personal de Carlos Sancho, apoderado de Máximo Kirchner.

El reproche judicial es que el condominio contaba con una intervención judicial, que “desconocía” y que “no se le informó”. Y que después de encontrarse en Marcos Paz los “alquileres habían sido cobrados por la inmobiliaria Sancho y fueron rendidos al personal administrativo de mi estudio contable, siguiendo las instrucciones de la familia Kirchner, depositados voluntariamente en la cuesta designada por el juez”.