Breast cancer surgery scars by partial mastectomy. With effect filter.

Cáncer de mama en primera persona: “La vida me quería decir algo y yo no podía hacerme la sorda”

Marina tiene 41 años y un mes antes de que nazca su tercera hija se descubrió un bulto en una mama. Pasó casi un año, y acudió a varias consultas en las que le decían que relacionaban su malestar con la lactancia, hasta que finalmente le diagnosticaron un tumor. Hoy contó su historia a Infobae para ayudar a generar conciencia sobre la importancia de los controles, incluso durante el embarazo

Es difícil pensar que algo pueda empañar el momento más feliz en la vida de una mujer, como es el de la llegada de un hijo. Seguramente nada sea más importante. Seguramente por eso Marina Carry no vio -o no quiso ver- que algo raro había en el bulto que se detectó en su mama derecha un mes antes de que Delfina llegara al mundo.

Es que por ese entonces, con 39 años, lidiaba con llevar adelante un hogar, un trabajo fuera de casa, dos hijas (Martina de 13 años y Candela de 11) y un marido, que no le iba a durar mucho más tiempo, pero esa es otra historia. ¡Como para detenerse en un bultito en una mama estaba!

De todos modos, no dejó de consultar con el obstetra que la atendía en su embarazo, quien la tranquilizó con que seguramente era producto de un conducto mamario inflamado, debido a que sus pechos se estaban preparando para amamantar. Le indicó una ecografía y el veredicto fue el mismo: nada por qué preocuparse.

 Un mes antes de que naciera su tercera hija, Marina se detectó un bulto en su mama derecha

El 1 de enero de 2015 nació Delfina. Pero la pequeña no sabía que su llegada y la revolución hormonal que atravesaba su mamá serían sólo el comienzo de una vida totalmente diferente para la familia a la que acababa de arribar.

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en la mujer (Shutterstock)

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en la mujer (Shutterstock)

En abril, con la lactancia más que instalada, el bulto en la mama derecha de Marina seguía creciendo. No conforme, volvió a consultar a su médico, que esta vez la derivó a una puericultora para que la ayude a descomprimir la supuesta inflamación, aunque la especialista consideró que no se trataba de un conducto obstruido. También le hicieron otra ecografía, que volvió a dar normal.

Octubre la encontró con su bulto cada vez más grande y su mama dolorida. “Me tocaba y sentía como una descarga eléctrica en todo el cuerpo; no sé cómo describirlo, la sensación era la de tener dentro un volcán en erupción”. Así, Marina. Mejor no podrías haberlo especificado.

En esa instancia le recomendaron interrumpir la lactancia y comenzar a tomar un antibiótico. El “diagnóstico” seguía siendo mastitis. Nada más lejano a lo que estaba ocurriendo.

 A casi un año del nacimiento de su beba le diagnosticaron cáncer de mama

Dolorida, cansada (y preocupada), en diciembre Marina llamó a su prepaga y pidió un turno con el primer mastólogo que hubiera disponible. La mujer recuerda cada fecha con una precisión que asombra, se ve que grabó todo ese periplo en su memoria como sabiendo que estaba frente a un hecho que iba a marcar un antes y un después en su vida.

“El 11 de diciembre fui al mastólogo y de inmediato -sin otro estudio de imágenes previo- me indicó una punción. Me la hice el 23 y el 4 de enero me llamaron del centro de diagnóstico para pedirme que con urgencia retire el estudio y se lo lleve a mi médico”, relató Marina a Infobae.

¿Pero a qué médico? Al obstetra nunca volvió, el mastólogo que la había visto era uno de guardia. Una amiga le recomendó ver al doctor Daniel Allemand, quien sin mediar -más- demora la derivó al oncólogo Daniel Lewi.

El diagnóstico precoz resulta clave para el éxito del tratamiento (Getty)

El diagnóstico precoz resulta clave para el éxito del tratamiento (Getty)

Era un hecho. Marina tenía cáncer de mama. Y fue recién un año después de haber consultado por primera vez que llegó al diagnóstico.

A esta altura, ya separada del padre de su tercera hija, le tocó conocer en carne propia por qué es que los especialistas hablan tanto de detección temprana, difunden la importancia de hacerse los controles médicos (incluso en el embarazo y la lactancia) y recomiendan medidas de prevención. Marina tenía dos tercios de su mama tomada, literalmente, por un tumor que medía 13 centímetros.

El oncólogo le explicó que para poder operarla era preferible intentar primero que reduzca su tamaño ya que, de otro modo, deberían quitarle -además de la mama completa- una gran porción de músculo pectoral, con todo lo que eso implicaba.

 El diagnóstico me cayó como un baldazo de agua fría, pero enseguida me propuse sacarle algo positivo a lo que me estaba tocando atravesar

Fue así que le indicó comenzar con una serie de sesiones de quimioterapia.

“El diagnóstico me cayó como un baldazo de agua fría, no entendía por qué me pasaba eso a mí, pero enseguida me propuse sacarle algo positivo a lo que me estaba tocando atravesar”. Así contó la mujer, con una valentía y una entereza pocas veces vista por esta periodista, cómo fue enterarse que aquel bultito detectado en el último mes de su embarazo se había transformado en la barrera más grande que le había puesto el destino por delante. Y ella estaba dispuesta a atravesarla.

“Siempre había querido cortarme el pelo y no me animaba -relató-. También quería hacerme las lolas, así que pensé que después de la operación no me iba quedar otra que ponerme prótesis”. “Algo tenía que aprender, la vida me estaba queriendo decir algo y yo no podía hacerme la sorda”, siguió Marina, con un tono de voz que se mantuvo alegre durante todo el tiempo que duró la entrevista telefónica.

En general, el cáncer de mama es asintomático en sus estadios iniciales (Getty Images)

En general, el cáncer de mama es asintomático en sus estadios iniciales (Getty Images)

Sólo se quebró al evocar el gesto de amor y empatía que recibió de parte de su entorno. “Antes de empezar la quimio llamé a mi primo, que es peluquero, y le pedí que se encargue de mi cambio de look”, recordó. Pero cuando llegó a su casa dispuesta a dejar allí su larga cabellera se encontró con su primo rapado y su prima, que tenía un pelo larguísimo, cortado cortito “tipo varón”. En ese mismo momento, otros familiares y amigos comenzaron a mandarle a su teléfono celular fotos con sus “nuevos looks”. “Todos se habían cortado el pelo para acompañarme, para demostrarme que no estaba sola en esta pelea”, contó Marina con una voz entrecortada, que de inmediato “compuso” y siguió el relato. Porque a ella, parece, nada la detiene.

Paradojas de la vida, ella nunca perdió su cabello. “Todos me decían que transmitía buena energía y que por eso no perdí el pelo”, cuenta.

 Cuando Marina llegó al diagnóstico tenía un tumor de 13 centímetros en su mama

Pero ella no estaba conforme. Necesitaba hacer algo con toda esa “buena onda” que recibía y la nutría todo el tiempo. “Cuando terminé la quimio, antes de operarme, pasaba en vela una de las tantas noches posteriores al tratamiento cuando pensé que tenía que hacer algo positivo para ayudar a otras mujeres, no sabía cómo transmitir algo a otras mujeres que pasaban por lo mismo que yo”, relató.

Y como a ella lo que más le costaba en ese momento era organizarse, pensó en hacer una agenda para mujeres en tratamiento, con recetas, frases inspiradoras, tablas para poder agendar los turnos de manera sencilla y visible. La diseñó, la confeccionó con ayuda de sus médicos, imprimió 100 con el dinero de su aguinaldo y las vendió entre amigas, conocidas, referidas; a pulmón y con la famosa difusión “boca a boca”.

La edición 2018 de la agenda incluye recomendaciones para la salud de la mujer en general

La edición 2018 de la agenda incluye recomendaciones para la salud de la mujer en general

“Ahí conocí Macma (Movimiento Ayuda Cáncer de Mama) y entendí la importancia de estar en un grupo de contención, con pares, y me di cuenta que si yo hubiera tenido una detección temprana todo hubiera sido muy distinto”, dijo.

Así fue que empezó a buscar más información, no sólo enfocada en la mujer en tratamiento, sino en la salud femenina en general. Y su segunda edición de agendas, las de 2018, salieron a la venta con consejos, pautas y recomendaciones sobre actividad física y alimentación para la mujer.

En paralelo, Marina continuó con su tratamiento. El martes 13 de diciembre de 2016 finalmente se operó. Debieron hacerle una mastectomía y extraer de todos modos una porción de músculo pectoral para asegurarse sacar todo rastro de tumor.

 Marina debió ser intervenida tres veces en total, por un nuevo tumor en la cicatriz y otro en su cuello

En diciembre de 2016 terminó las sesiones de rayos y comenzó a ver en la línea de la cicatriz “una bolita”, que primero pensó que se debía a su sabida mala cicatrización. Su médico decidió sacarla y efectivamente resultó ser maligna.

Actualmente continúa su tratamiento (cada 21 días le aplican por vía intravenosa trastuzumab -un anticuerpo monoclonal, una versión artificial de una proteína muy específica del sistema inmunitario- junto con otras drogas, y deberá volver a someterse a rayos), luego de que en diciembre pasado la intervinieran por tercera vez. En esa ocasión, por un “bultito en el cuello”, que tras su extracción y análisis resultó ser lo que se conoce como “una recidiva de la mama”, es decir, la vuelta de la enfermedad luego de un período de tiempo.

Dicen que las mujeres son fuertes. Dicen que son una “raza” especial. Dicen que son capaces de renacer de sus cenizas y que algunas desarrollan una capacidad de resiliencia digna de admiración.

Marina, junto a Martina, Candela y la pequeña Delfina

Marina, junto a Martina, Candela y la pequeña Delfina

Sin dudas Marina es una fiel exponente de esas mujeres. Hoy, con 41 años, una casa a cargo y tres hijas de 15, 12 y 3 (porque, claro, en medio del proceso de su enfermedad le tocó “festejar” sus 40 y los 15 de su hija mayor) espera ansiosa que finalice su licencia laboral por su tercera cirugía para volver al ruedo en la tarjeta de crédito donde se desempeña en el sector de contracargos, agradecida de poder haber percibido su sueldo todo este tiempo porque “no podía dejar de cobrar ni medio día”. Es que ella, más que nadie, sabe que la vida es eso que pasa mientras el resto de los mortales se preocupan por otras cosas.

Ella tuvo que explicarle a sus hijas (porque siempre les habló con la verdad) que mamá estaba enferma. Ella supo llegar cansada de cada quimio y convertirse en “mujer maravilla” para esos tres tesoros que la vida le dio, sus “ángeles”, su “motor”, como las llama.

Lo paradójico es que ella nunca dejó de consultar. Confió en sus médicos. “¿Volviste alguna vez al obstetra que te decía que era una obstrucción de un conducto mamario?”, le pregunté casi al final de la charla. “No, nunca más. Y no estoy enojada ni le tengo rencor, eh. Como obstetra fue el mejor y guardo los mejores recuerdos”, respondió. Ella supo canalizar sus energías en lo que importaba.

Para difundir su emprendimiento Tu agenda/Tu vida, Marina creó una página de Facebook, donde a diario recibe el aliento y buenos deseos de quienes siguieron de cerca su historia de lucha y coraje.

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