El miedo a engordar: la infancia como un momento clave para prevenir trastornos alimentarios

Las burlas en torno al peso durante los primeros años de vida pueden llevar a la desvalorización del propio cuerpo y desencadenar trastornos como bulimia o anorexia. Especialistas explicaron a Infobae cómo se originan estas patologías y qué conductas no pueden pasar inadvertidas

Así, la mirada de los pares se vuelve clave. Y la aprobación o desaprobación del entorno cobra peso de ley.

Y los trastornos alimentarios que suelen hacer su aparición durante esos años pueden estar motivados por la desvalorización del propio cuerpo causado por las burlas de sus compañeros, o bien por un entorno familiar que se vuelve perjudicial.

 En las patologías alimentarias siempre existe un patrón social de mala comunicación: quien se comunica mal con la comida también se comunica mal socialmente

Para la directora de la Asociación de Lucha Contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba) Mabel Bello, “en las patologías alimentarias siempre existe un patrón social de mala comunicación: quien se comunica mal con la comida también se comunica mal socialmente. Es decir que es una persona a la que le cuesta vincularse socialmente y que antepone las reglas a los objetivos, porque de esa manera siente que controla una situación, a pesar de que tiene mucho miedo, y que no se puede desempeñar con fluidez. Entonces, esta patología alimentaria se transforma en una manera de esconder dificultades sociales y de adaptación. Estas personas piensan más de lo que sienten, y son esclavas de sus propias organizaciones, porque es su manera de sentir que tienen control sobre algo”.

Consultada por Infobae acerca de qué factores contribuyen a la aparición de trastornos como la bulimia o la anorexia, Bello consideró que “el trastorno de alimentación en la infancia representa cambios en la conducta que no son sólo de la alimentación sino que corresponden a otras áreas como la comunicación social, el juego o la dificultad de mantener lazos sociales”.

Las burlas en torno al peso durante los primeros años de vida pueden llevar a la desvalorización del propio cuerpo (Getty)

Las burlas en torno al peso durante los primeros años de vida pueden llevar a la desvalorización del propio cuerpo (Getty)

En ese sentido, la médica especialista en Nutrición Virginia Busnelli (MN 110351), manifestó que “un trastorno alimentario nunca es unicasual, es algo complejo con múltiples causas en donde todos los factores contribuyen de manera interconectada al desarrollo de los mismos y donde participan factores biológicos (genética), factores psicológicos (tipo de personalidad, crisis, etapa de la vida) y factores socioculturales (familia, cultura, moda, pares)”. “Tanto la anorexia como la bulimia son resultado de una compleja interacción de factores predisponentes, precipitantes y perpetuantes; la afección es el resultado de una serie de influencias que varían con cada persona”, aseguró la miembro de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y directora médica de Crenyf.

Y tras resaltar que “los factores predisponentes se refieren a aquellos que, combinados con diferente fuerza, favorecen la aparición de la enfermedad”, explicó que “estos pueden ser individuales, psicosociales y socioculturales”.

 Tanto la anorexia como la bulimia son resultado de una compleja interacción de factores predisponentes, precipitantes y perpetuantes

Y mencionó como alguno de los factores de riesgo individual a experiencias de abuso sexual, la insatisfacción con la figura y el peso corporal, la conducta dietante crónica en períodos críticos, algunos cambios traumáticos en la vida como un duelo, la pérdida de una relación importante, el divorcio de los padres, mudanzas.

Entre los factores psicosociales enumeró: presencia de trastornos afectivos, baja autoestima, rasgos de personalidad tales como la necesidad de aprobación, la dificultad para expresar sentimientos, la evasión de los conflictos, el pensamiento inflexible con gran énfasis puesto en el deber ser, el perfeccionismo.

Mientras que entre los factores socioculturales reconoció: los ideales culturales de belleza, las actitudes de la familia hacia el peso corporal, la falta de definición de límites, la rigidez y la confusión de roles en la familia, la disfuncionalidad familiar, el maltrato emocional, la influencia del grupo de pares; el involucramiento en algunas actividades que enfatizan el bajo peso, y las críticas o burlas con respecto al peso y la figura.

Cuando un niño no come o tarda mucho en masticar está manifestando miedo y dependencia (Getty)

Cuando un niño no come o tarda mucho en masticar está manifestando miedo y dependencia (Getty)

Sobre a qué edad una niña puede desarrollar el concepto de “delgadez” y mostrarse esquiva a aumentar de peso, Bello remarcó que “no se trata solamente de comprender el concepto de delgadez; las señales de una relación conflictiva con la comida se presentan en edades muy tempranas y frente a ellas deberíamos estar atentos”. “Cuando el niño presenta dificultad a la hora de realizar sus ingestas debemos estar atentos y podemos contar con algunos tips que pueden facilitar a los padres la resolución de algunas situaciones que pueden llegar a ser riesgosas si se mantienen en el tiempo -advirtió la especialista-. Cuando un niño es ansioso con la comida y come de más, es muy importante mantener un buen clima familiar, que no se hable exageradamente sobre los alimentos y sí que se tenga en cuenta el protocolo, tratando que coma en forma pausada, utilizando de una manera correcta los cubiertos, así se logrará que se extienda el tiempo de la ingesta y se disminuirá la ansiedad, dándole al organismo la posibilidad que llegue a saciarse al final de la misma, evitando que coma a escondidas”.

En tanto señaló que “cuando un niño no come o tarda mucho en masticar está manifestando miedo y dependencia”. “Por ejemplo si tarda mucho en masticar la comida es preferible que ingiera semisólidos (sopas, puré) hasta que se solucione el problema. Cuando el niño come sólo uno o dos alimentos y rechaza el resto estamos frente al llamado ‘síndrome de especialización con la comida’. Los niños que tienen esta conducta muestran dificultades ante los cambios y suelen relacionarse con una o dos personas, evitando al resto”, advirtió.

 Cuando un niño es ansioso con la comida y come de más, es muy importante mantener un buen clima familiar, que no se hable exageradamente sobre los alimentos y tener en cuenta el protocolo en las comidas

“Muchos pacientes ingresan al tratamiento porque fueron objeto de bullying y eso los retrajo socialmente. Así quien es distinto recibe malos tratos y retira su atención del grupo para pasar a concentrarla en ellos mismos y eso da comienzo a su patología alimentaria. Se trata de personas vulnerables, muchos de ellos adolescentes sensibles a las críticas externas y que no soportan la presión que establece el bullying en ellos. Su patología alimentaria entonces es disparada por este tipo de experiencias”. Así consideró Bello que influyen las experiencias en la primera infancia en la aparición de este tipo de trastornos.

A lo que Busnelli agregó: “Las experiencias en la infancia son altamente determinantes principalmente muy influenciadas por el factor materno, hijas de madres dietantes o conductas restrictivas, con elevado interés por la estética. El bullying suele ser un determinante muy importante del inicio de la actividad dietaria en los niños que al ser llamados ‘gordos’ por su entorno, comprenden que deben adelgazar para que su cuerpo deje de ser el motivo de burla”.

Padres en alerta

Una buena alimentación debe inculcarse en la casa (iStock)

Una buena alimentación debe inculcarse en la casa (iStock)

“Sabemos que los niños pequeños aprenden fundamentalmente por imitación, de modo que hay que poner en práctica estos hábitos, no predicarlos. No se trata de dar discursos sobre el tema, sino de mostrar actos concretos -alertó Bello-. La información puede ser muy útil, pero lo importante es el acompañamiento, que los adultos hagan lo mismo que dicen y fundamentalmente, no dejar al niño comiendo solo para hacer otra cosa”.

“En lo posible, tratar de comer todos, adultos y chicos, a la misma hora, en el mismo lugar y el mismo tipo de alimentos para todos”, aconsejó.

Y tras asegurar que “los padres pueden intentar promover en la vida de nuestros hijos resiliencia, estableciendo factores protectores para padecer un trastorno de la conducta alimentaria”, Busnelli mencionó como factores protectores individuales: estímulo intelectual, autocontrol, actitud positiva y superadora hacia la vida, habilidad para resolver problemas, espiritualidad y creatividad.

 En lo posible, tratar de comer todos, adultos y chicos, a la misma hora, en el mismo lugar y el mismo tipo de alimentos para todos

Y entre los factores protectores familiares destacó: buena relación parental basada en la confianza y el respeto, reglas y responsabilidades en el hogar, soporte social externo a la familia, actividades sociales o de ayuda al resto, bajo estrés familiar y modelos paternos positivos.

En tanto, Bello finalizó: “La escuela es un excelente canal para transmitir hábitos saludables, porque el mensaje llega directamente al niño y se multiplica en cada familia. Además, en la Argentina, sigue siendo una institución importante en cuanto a su proyección social y eso ayuda a instalar temas importantes en el núcleo familiar. Hay un ida y vuelta entre las familias y la institución que resulta muy útil para descubrir cuando hay problemas”.

“Se trata del lugar donde los niños pasan muchas horas del día, y donde se establecen vínculos muy ricos con los adultos, por lo tanto, se convierte en el primer lugar de recepción de los temas que interesan, preocupan o afectan emocionalmente a los chicos. Podemos afirmar entonces que no sólo educa en los hábitos saludables, sino que puede detectar los problemas e intervenir derivando los casos de los que no puede ocuparse. Se transforma entonces en la primera fuente de información y orientación”, concluyó.

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